Darse vuelta la chaqueta.
Creo que durante los días del festival de Viña del Mar, interrumpido por el tremendo terremoto del 27 de Febrero, todos tuvimos la idea de que el humorista Bombo Fica, con sus chistes malos, sería comida para el tan llamado “Monstruo”, esa galería hambrienta y deseosa de poder destruir a alguien. La organización fue más inteligente este año y lanzó a los humoristas al comienzo del espectáculo, lo que nos ahorró momentos vergonzosos pero a la vez históricos. Yo fui uno de los muchos que pensó que Bombo Fica le iría como las pelotas, al igual que Felipe Pumarino, columnista de LUN, quien escribió su fantasía ucrónica personal días antes de que Bombo Fica subiera al escenario.
La columna tiene el sugerente título de “Bombo Fica, devorado por el monstruo”, y la pueden leer completa en este enlace.
“De corazón, espero que al amigo Bombo le vaya como las pelotas”.
Uno puede, humanamente, prejuzgar y juzgar todo lo que quiera, pero otra cosa es escribir en un diario de publicación nacional que “ojalá” que a alguien le vaya mal. Eso es tirar mala onda gratuita. Yo no vi el Festival ni a Bombo Fica, y me sigue sorprendiendo que le haya ido bien. La cosa es que al día siguiente del “Bombazo” como calificaron los medios la actuación del humorista, el mismo columnista Felipe Pumarino, apelando a la mala memoria histórica de este país, se disculpa en la columna Perdona, querido bombito.
“Sé apreciar el humor modesto y sin pretensiones de sociología: jamás deseé tu fracaso”
Claro, cuando se ponen las dos columnas al lado, se nota mejor la olímpica voltereta del columnista. Por eso digo que la prensa en este país tiene una soberana confianza en que nadie recordará lo que se publicó el día anterior. Lo impresionante de esta frase es que además puedes traducirla como “si, a mi también me gustan los chistes de curados y de la cintura para abajo”. Todo mal.
Da para una reflexión sobre cómo la prensa afronta y se adapta al hecho de una nueva comunicación, contrata “blogueros” y se abre a los comentarios por internet. Un bloguero por definición puede cambiar de opinión, en parte es lo que define a una página personal, mandarse condoros, equivocarse, aprender. Pero uno supone que un “columnista” de un diario es alguien que tiene más o menos claro para dónde va en la vida, que no va a cambiar de parecer porque todo el mundo le demuestre que está equivocado. Algo así como Hermógenes Pérez de Arce, odiado y amado por partes -supongo- casi iguales. No me caerá del todo bien, pero por lo menos no practica el deporte nacional de resguardarse tras las murallas de papel de los diarios nacionales ante cada tontera que sale de sus dedos.





