Adiós, amigos, adiós.
Ahora que termino de tipear esta columna, sigo sin entender las motivaciones de la misma. La situación no está basada en nada real, ni asados de curso ni nada. Lo único que se me puede ocurrir es lo desesperado que estaba yo por escapar de la ciudad durante mi último año de carrera, y lo desagradable que era caminar una y otra vez las mismas calles con una y otra vez las mismas cosas en la cabeza. Quizás por eso y aludiendo a la conocida canción de Andrés Calamaro, surgió este tema, obligadamente con los tópicos tocados una y otra vez.
Originalmente publicado en “Zona de Contacto” de El Mercurio, #563, Viernes 1º de Marzo de 2002. Especial “Refritos”
Adiós, amigos, adiós.
Tengo un amigo que salió del colegio conmigo, y que cuando tenía 15 años decía que a esa edad todas las vidas parecen teleseries. En cierta forma tenía razón. Hace seis años las teleseries eran buenas y la de mi amigo sí que parecía una. Era el tipo más popular del colegio, lo cual incluye tener una banda, jugar a todos los deportes posibles y tener a la mejor mina del colegio. Ok, eso era él. Y yo le caía pésimo.
La última vez que lo vi fue en uno de esos asados de curso, que por suerte todavía no se llaman de ex-alumnos. Él estaba medio borracho y mientras manejaba su auto se lamentaba de que los productores de su vida lo hubieran dejado botado. No entendí eso y me explicó que definitivamente su vida era una serie de bajo presupuesto, es decir, sigue enamorado de la misma mina que cuando tenía quince, y que en fin, no hay nuevos personajes en su vida, no hay buenas historias y es tan patético que hace un tiempo una mujer que lo había pateado por otro tipo hace tres años, apareció diciendo hace poco que era broma, que siempre había estado enamorada de él. Algo así como Patrick Duffy en Dallas. Un refrito de su vida.
Mi amigo conducía muy rápido. Le dije que en rigor a todos nos pasa eso, es decir, no cambiamos a la gente que conocemos cada cuatro meses, y qeu puedes tener los mismos amigos toda la vida sin que eso sea un problema. “La que pasa”, dijo, “es que a veces si te pasa eso te dan ganas de cancelar tu serie”. Yo no sé manejar, y ser el copiloto de un tipo medio borracho a las cinco de la mañana nunca ha sido mi idea de pasarlo bien, al menos no en nada que tenga más de dos ruedas. Le dije que bajara la velocidad y que se fuera lejos, a estudiar afuera, o algo así. La idea de irse y dejar todo lo que conoces es siempre seductora, pero difícil de tomar. Mi amigo se detuvo en un semáforo en rojo, y dijo que eso era como escapar. “Seguro” le dije, pero refiriéndome a que abriera el seguro de la puerta. Entonces él cambió el tema. “¿Cachai una cosa”?, comenzó, “yo siempre te admiré. De hecho, admiro a todos los perdedores que estaban en tu grupo, porque siempre pueden darse el lujo de empezar de nuevo toda su vida sin que a nadie le importe”. “Seguro”, dije. Luz verde pero no partimos. Mi amigo se apoyó sobre el volante y desbloqueó las puertas. Abrí la mía y le dije desde afuera lo único que se me ocurrió: “déjate llevar”.
Él esperó unos segundos y partió a toda velocidad.




Tan marcadas eran las diferencias de estatus en tu colegio?.
Me llama la atención. Siempre van a existir esas diferencias, pero no entiendo por qué te juntabas con un bacanazo si sabías que le caías mal?
…hay gente cuya comprensión de lectura de asco. Dije en la introducción que no está basada en hechos reales. Nunca tuve amigos así.
B.