Buenos dÃas, mundo cruel.
Martes. Ando publicando harto estos dÃas, el jueves viajo a Curanipe asà que no lo haré esos dÃas, aunque podrÃa, es bastante fácil hacerlo con esta maravilla llamada wordpress. En fin. Otra columna de la desaparecida Zona de Contacto, una sobre… nada en especial, sobre encontrarse con el mundo, cosa que para mucha gente es muy normal, no sé, quizás sea yo, siempre ando pensando las cosas más de la cuenta, dando vueltas cosas simples que no requieren que pienses. No me pregunten por qué. Eran los buenos años de la Universidad de Chile.
Siempre recuerdo con cariño las cosas que no quise en su momento. Como todos, no más.
Buenos dÃas, mundo cruel.
Originalmente publicado en Zona de Contacto de El Mercurio, fecha y número desconocidas.
Dicen que la mejor forma de sentirse bien es desquitándose con los demás. Es algo que he escuchado varias veces en la calle y, a pesar de que no lo justifico, lo entiendo bastante bien. No hay nada como un buen reclamo de vez en cuando; y luego el alma se siente aliviada.
¿Quién podrÃa negarlo?
Pues bien, hace un par de viernes atrás tuve una experiencia que tal vez alguno de esos sicólogos que escriben best sellers llegue a explicar más profundamente.
Eran las 10am cuando llegué a una bencinera a sacar plata de un cajero automático por primera vez. La primera vez todas las cosas son complicadas. Por eso no me extrañé cuando después de cuatro intentos el simpático cajero no me aceptaba el giro. El asunto habrÃa terminado ahà si es que yo no hubiera necesitado cuatro lucas para fotocopias, asà que decidà ir al banco para intentarlo de nuevo. Al probar por segunda vez la tarjeta fue retenida con bombos y platillos, como cuando una máquina de videojuegos te dice “Game Over”.
Como estaba frente a mi banco, pasé a preguntar qué pasaba. Eran las 11am. En el mesón de clientes le pregunté a un señor qué pasaba con mi tarjeta. El me preguntó mi RUT y yo cordialmente se lo dÃ. Luego vi que tenia a su lado un montón de papeles y me pareció raro que uno de ellos llevara mi firma.
-Oiga, ese soy yo -le dije.
-¿Este? ¿Tu eres Cristián Raveau? -me respondió mirando el papel- Justo tenÃa que reactivar tu tarjeta. Por eso no funcionó.
-¿Recién la va a activar? Pero si la saqué hace dos semanas.
-Bueno. Me la acaban de pasar.
Resultado: tuve que ir a clases y luego volver al banco para que me dieran la tarjeta de vuelta. Tuve que hacer una cola inmensa para sacar mi plata y perdà la mitad de mi hora de almuerzo. En cualquier caso, pensé que lo mejor era irme con una sonrisa y no enojarme con nadie. “Estas cosas pasan” pensé.
A las 14:20 llegué a un McDonald’s cualquiera y pedà una hamburguesa con una bebida. La gordita del mesón esperó mi boleta y al ver que no salÃa, le pegó un par de golpes a la máquina y dijo “¿te puedo quedar debiendo la boleta?”
Casi todos los locales de comida rápida tienen el mismo problema: siempre creen que nos pueden quedar debiendo cosas. Cuando algo cuesta $999 te dicen: ¿te puedo quedar debiendo el peso? Cuando cuesta $990 son los diez pesos los que les faltan. Al menos en los negocios de barrio te dan un dulce cuando no tienen vuelto. Le dije que no a la gordita, mostrándole un letrero: “Si usted no recibe su boleta, o su boleta no coincide con el monto de su compra, entonces pida GRATIS una compra sin costo al gerente”.
-Bueno, ya entendà -me dijo la gordita y llamó al gerente. El gerente le pegó otro golpe seco a la máquina y ésta escupió la boleta.
Me senté, comà rápidamente mi almuerzo y cuando me iba yendo, noté que mi boleta decÃa $1.070 en vez de $1.089, que era el monto real de mi compra.
Una sonrisa inundó mi rostro, pero estaban por empezar mis clases, asà que pensé que lo mejor era no alegar.
Tal vez con ese combo habrÃa deleitado mis impulsos más primitivos, pero al final todo el ajetreo de ese dÃa fue vivible sin tener que enojarme o tratar mal a nadie. No soy un moralista ni pienso asà todos los dÃas, pero quizás es válido como comienzo o como punto de partida para eso que buscaban los jipis para poder cambiar la superestructura social del mundo. A lo mejor ninguno de ellos lo miró de esta forma y con el fracaso terminaron renunciando. Yo quiero demostrar que todavÃa se puede, aunque el formato sea distinto. Por eso mismo creo que hay que replantearse el asunto. ¿Cómo? La respuesta se las quedo debiendo.




tanto tiempo que no lo leÃa, Mr. Bendrix.
me parece ingenua su visión de aquella época.
qué cree que habrÃa hecho hoy, en la misma situación?
Me habrÃa reÃdo más, aunque habrÃa llegado a contarlo igualmente.
Saludos cata, no te desaparezcas.
Las desaparecidas son más obligadas que queridas, pero no es malo que se extrañe mi presencia.
Saludos Mr. Bendrix y recuerde que su sinceridad en lo que escribe, es lejos lo que más profundo llega.
Cha-u, Cha-u! o … nos estamos escribiendo