Carta abierta a una barwoman [Greeneland]
Miércoles. Han sido agitados estos dÃas, planeando el que será el viaje al sur de este año, del que les contaré los próximos dÃas un poco más. Ya tenemos casi todo listo y estos dÃas de verano se van entre piscinas, asados (ayer inauguramos la piscina de Claudia, que estaba botada, sin usar), y las múltiples actividades que Santiago tiene en verano, ferias del libro, pelÃculas, etc. También trabajando con Coke y Seba en “El Manto”, que se viene para marzo, y ayer también en el examen de grado de mi gran amigo Raúl, que se tituló de quÃmico. Como pasa el tiempo. Recuerdo que después de la P.A.A. nos fuimos a su casa, con él y Pancho -que también estaba en el examen- a conversar. Han pasado unos 9 años de eso. En fin, nada que decir. La siguiente es una columna de hace un par de años, que surgió tras una entretenida noche en la que el Bati me invitó a la KMASU -nunca habÃa ido- y fue de locos.
Originalmente publicado el 9 de Noviembre de 2005 en TabanoTv.
Estimada barwoman de la discoteca Kmasu, que atendÃas el salón VIP el viernes 4 de noviembre de 2005.
Presente:
Hola, como estás, es probable que no te acuerdes de mi ni nada de eso, pero yo era el tipo con camisa negra que estaba ebrio diciéndote que nos juntáramos el domingo en el parque forestal, que te iba a esperar y todo eso. Bueno, nunca fui, y en realidad a eso es que va esta carta. Eras realmente bella, es decir, del tipo de historias que me dedico a escribir, no a vivir. Algo más o menos asÃ: chico conoce chica en salón vip al que no ha entrado en años, en una discoteca a la que probablemente no volverá a entrar. Y te estarás preguntando, ¿para qué mierda estabas ahÃ?, o ¿Eres tu el tipo que escribe esta columna? Bueno, la verdad es que si. Pero el viernes no era yo, estaba feliz, me acercaba a la gente, les hablaba, conocÃa chicas, en fin, debe haber sido algo raro, una marea galática, no sé.
No eres tu, soy yo. O fui yo.
Esta vez es en serio. El tipo que soy de verdad jamás habrÃa tenido el valor para acercarse a hablarte. Con suerte el suficiente para pedirte la cerveza que se supone estás ahà para vender, manteniendo la mirada en tus ojos azules. Profundos como debe ser de profundo el ambiente de mierda en el que los dos estábamos. Quizás tanta ficción me ha enseñado que si conoces a una camarera en un bar, es probable que sean almas gemelas. Quizás no, pero un consejo muy sabio es no dejarse llevar por la ficción.
¿Opciones? No en realidad. No soy como fui ese viernes, sintiéndome sin pesos encima, sin nada de qué preocuparme, en fin, como debe sentirse la gente en las discotecas, lo único que me diferencia de ellos, es que se diferenciar cuando un par de minas brasileras rubias increÃbles quiere a alguien por su potencial billetera o por su personalidad. Ese viernes me dio lo mismo. Ese viernes me habrÃa ido contigo si no hubieran estado afuera los pacos. Entonces, ¿por qué no fui el domingo, si te grité que irÃa? No sé, tuve miedo, pensé que no llegarÃas, y por último, porque no pude evitar la tarde del sábado, empezar a escribir una historia parecida a esta, pero por supuesto, mucho mejor. Más real que la realidad misma, por ende mucho mejor. Asà que ya tengo un compromiso. Gracias de todas formas por el personaje y disculpa si te tuve esperando cerca del parque.
Si, soy medio idiota, pero bueno. No soy Vip. Odio las discotecas. Es altamente probable que no nos veamos más en la vida, asà que si alguna vez lees esto y te reconoces, siéntete libre de ubicarme, no sé. Aunque sea para putear. Eso serÃa. Solo querÃa dejarlo claro en el ciberespacio. Las relaciones de pareja se parecen al caso del tipo que robó el Rodin del museo de Bellas Artes y después dijo que era para probar la seguridad. O “la historia del tipo que quiso probar la seguridad del Museo de Bellas artes y para eso tuvo que robar un Rodin”. Sea como sea, luego dijo que era todo un plan. Este es mi plan.
Tu deberÃas saber. Eres mi personaje.
Atenta, sincera, y altamente enamorado, se despide
Maurice Bendrix, el tipo feliz.



