Rocío [Greeneland]
Esta es la columna 10 de 20 que conformaron “Greeneland” durante el año pasado, una serie de columnas sobre mujeres que por estos días trataba sobre una relación en especial, con una mujer que más tarde pasó a ser -cosas de la vida- la polola de mi hermano, cosa curiosa porque mi hermano y yo somos muy diferentes y lo que ella solía decir que le gustaba de mí era precisamente mi personalidad, mi forma de ser. Pero en fin, esta es la décima columna, es bueno tener material reciclado para un blog, así no tengo a veces que escribir, que el tiempo como que me juega en contra estos días. Algunos lo llaman una trampa, pero en realidad de eso, también, se trata este blog.
Originalmente publicado el 25 de Agosto del 2005 en TabanoTv
El exceso de café es algo grave, en fin, llegué ayer martes a las 6 de la tarde a mi casa, desesperado por cagar, y en vez de tomar el usual comic de Star Trek de Peter David, tomé una revista H (Hombre) e hice lo que juré que nunca iba a hacer: leer los artículos.
Las revistas pornográficas cambiaron en algún lugar en los ’90s por revistas dedicadas al “hombre”, es decir, traían autos, moda masculina, chistes, y de vez en cuando, una mina en pelota. En fin, no suelo comprar revistas de este tipo, pero venía en portada Rocío Marengo, una de mis debilidades, y me puse a leer la entrevista que le hacían. Era pura mierda salvo cierta parte donde le preguntaban cómo le gustaban los hombres, y respondía “bueno… no me gusta que hablen mucho”. Una triste decepción. Lo que me llevó a recordar a otra Rocío que conocí, y a recordar en sueños esta tarde un episodio desagradable.
No duermo bien durante las noches, y si a eso le sumamos que en la mañana tuve que tomar un ravotril para controlar ciertas convulsiones, resultó que regresé a mi casa a la 1:30pm, a dormir. Hasta eso de las 6:30pm. Quienes me conocen sabrán que estuve mucho tiempo cagado con una mina -quién no- a quien gracias a la mitología griega llamaremos “Casandra”; y quienes no me conocen, entenderán probablemente de lo que hablo. Rocío era una persona que conocí durante un viaje a la playa y que resultó muy agradable, salimos una noche, bebimos unas cervezas, etc. Tenía un perro de mierda, recuerdo, y gritaba bastante. Pero era muy agradable, es decir, del tipo de mina con la que puedes conversar sin aburrirte. Cuando volvimos a Santiago, quizás pudimos habernos juntado, y de hecho ibamos a hacerlo un sábado en la noche, en una fiesta. El problema es que durante el día estuve en fantasilandia con la chica que me cagaba la cabeza y bueno, se me ocurrió llevarla a la fiesta. Ahí quedó la cagada, estuve en la noche con esta ex, siendo otra vez en mi vida un patas negras, y bueno, la historia se acabó ahí. Estaba medio ebrio cuando dije que podríamos volver a intentarlo, pero me enteré de que en realidad yo era el que estaba quedando como idiota en aquel momento. Yo era “El otro”. En fin, da lo mismo porque desde aquella noche no volví a ver a ninguna de las dos.
Pero volvamos al tema central. Rocío Marengo no es gratuitamente una de las modelos más bellas del mundo. (Lo de “gratuito” es un eufemismo, claro está) Creo que cuando desperté hoy, habiendo soñado con el episodio de Rocío y de Casandra (mi ex), recordé las sabias palabras de Rocío Marengo. Después de aquel episodio solo atiné a bajar la cabeza y a dejar de hablar con la gente involucrada. Era lo más lógico desde mi estúpido punto de vista. Hice lo que Rocío Marengo hubiera querido que yo hiciera. Dejar todo a merced del tiempo, que se encarga de arreglar las vidas de todos, cosa que no es tan mala después de todo.
Las relaciones de pareja, aprendí tiempo después, son como una revista para hombres. Si antes eran solo chicas desnudas, ahora nos enseñan a tener temas, a poder conversar, a hablar las cosas. Puede que a ninguna chica le importe cómo funciona un auto o quiera escuchar chistes sobre rubias, pero está más que claro que lo que menos quiere escuchar son estúpidas teorías sobre todo, y especialmente sobre relaciones de pareja. Peor son los autos a quedarse callado, supongo. Así que la enseñanza de revistas como Maxim, H, y otras, es que hay que hablar las cosas. Que si no, puedes pasar de largo en la vida de la gente. Tal como lo hacían las chicas de revistas porno. Eran 80 paginas de lo mismo y se te llegaban a olvidar los nombres. Ahora es una (a lo sumo dos) chicas entre una sarta de idioteces diseñadas para un cerebro mononeurónico que la mayoría de los hombres tenemos. Entonces sabemos bien qué página es, no olvidamos donde queda la chica, porque sabemos que podemos perderla muy facilmente entre toda la mierda del mundo. Rocío tuvo un hijo y de Cassandra nunca supe más. Pero vengan a preguntarme de libros o de películas, quizás nos entendamos mejor.
Aunque por alguna razón, al final de la fiesta, lo más probable es que termines charlando con el perro de mierda.
Saludos




wow!
la polola de tu hermano
wow…
fuerte, creo
hoy leí tu columna con otra perspectiva y me pareció hasta más coherente; hoy tiene otro sabor
saludos Mr. Bendrix!