Síndrome de Estocolmo.
Segunda parte de esta aventura en el Espacio Riesco. La mañana del domingo, cuando un primer artículo ya había sido publicado, estaba leyendo el diario y se me acercó, como en el mejor de mis sueños, una bella promotora. La miré y me dijo “oye, ¿tú eres Cristián Raveau?”. Le dije que si con asombro, pensando que por fin dejaría de ser un fracasado, y ella me respondió muy simpática: “hola.. soy tu prima”. Cosas de la vida. Esta es la columna que acompañó al artículo anterior y con esto se acabó mi cobertura de este tarreo. No se si hubo otros tan grandes después, la verdad, o si volvió a ser como en los comienzos, una actividad de galpones más que nada. En fin. Las cosas de hace 5 años a veces dejan de ser tan importantes.
Originalmente publicado el 9 de diciembre de 2002 en El Mercurio.
Síndrome de Estocolmo.
El síndrome de Estocolmo es cuando los rehenes simpatizan con sus captores, e incluso solidarizan con sus causas. Yo lo estoy sufriendo.
Hace 40 horas no conocía a nadie y hoy, como un recién liberado, recuerdo solo sus nicks y el compartido gusto por las promotoras.
Hemos dormido en un reducto pequeño, pocas horas por día y sobreviviendo como comida de plástico. Y claro, yo solidarizo con su causa, y entiendo varias cosas que antes no. Por ejemplo que en la calle hay un tipo con cara de tonto, sólo tiene cara de tonto. Aquí, es un nerd. Si hay un tipo gordo, aquí es un gordo nerd.
Y así se configura este mundo. Si tuviera un espejo a mano, quizás podría decirles qué tipo de nerd soy, pero no lo sé todavía. Ayer me convertí en un tipo que lanzaba rayos láser verdes y mataba a mis amigos en un espacio virtual. Nos metimos sólo a probar y jugamos una y otra vez. Hace años fui a un tarreo en la calle Lira, y la única diferencia con éste, es que es más grande.
Como hay más espacio no huele tan mal y no se escuchan tanto los gritos de las competencias. Hay más auspicio y menos familiaridad, pero la idea sigue igual. La gente, con ciertos cambios, también.
Podría decirse que mi vida este fin de semana fue un reality show, sin la parte del reality ni del show. Sólo estar encerrado con gnte que juega y volverme sin querer un poco más tarrero.
¿Más nerd? Si le quieren decir así, está OK, en realidad ni a mí, ni a los 500 tipos que estuvieron el fin de semana en el Espacio Riesco, nos importa demasiado. Tenemos mejores cosas en qué pensar.



