Todas las cosas que tienes.
Hablábamos hoy en la pega con Mitch Gómez, sobre que los cuentos en la Zona de Contacto debieron haber sido pagados, yo era más bien chico, no me interesaba tanto la plata como ver mi nombre y mis cuentos impresos, en realidad debe haber sido igual para todos. Que el diario perdiera o ganara plata por página impresa, era en realidad otra historia.
No sé si hay revistas literarias hoy por hoy, de creación, donde uno pueda mandar cuentos, ser evaluados, criticados, en fin. Quizás blogs literarios… no sé. Lo de la Zona era una oportunidad y asà hay que tomarla. Les dejo este cuento, que me agrada bastante, de 1999. VenÃa con una foto de unas escaleras, desde abajo. Y en la parte inferior de la página, el llamado a concurso para cuentistas para ese año 99, momento en que ya no era cuentista sino redactor. Larga historia. En fin. Los dejo con el cuento. Ah, el tÃtulo está obviamente inspirado en el tema de Radiohead, “Been thinkin’ about you”.
Todas las cosas que tienes.
Originalmente publicado en Zona de Contacto de El Mercurio
viernes 5 de Marzo de 1999, #407
-Nadie puede ser fiel toda la vida, Rafa. Nadie.
-Te apuesto que yo sÃ.
Dejó de pensar un momento, mientras la temperatura del agua subÃa lentamente. HabÃan pasado seis semanas desde el ataque y Natalia no parecÃa mejorar. TodavÃa lloraba por las noches y se sobresaltaba cuando él la tocaba por sorpresa; o no avisaba su llegada a la casa y ella le sorprendÃa sentado en la cama, mirándola. Siempre gritaba. Dos meses, habÃa prometido la sicóloga, dos o tres meses. Rafael resistió el agua caliente hasta sentir que le quemaba el cuello y entonces giró la llave, dejándola totalmente frÃa en un par de segundos.
Era extraño ducharse de noche, sin luz, sin cortinas y con la puerta del baño abierta. En realidad era desagradable. Y como terapia, poco efectiva. Supuestamente, era asà como Natalia se sentÃa; y él tenÃa que entender alguna vez lo humillante, lo dramático de un abuso como el que ella habÃa sufrido. ¿EstarÃa durmiendo ahora? Rafael dejó que el agua tibia le corriera por la cara. Sólo le quedaban algunos minutos para pensarlo mejor. TenÃa que estar seguro y despejar cualquier duda antes de que fuera demasiado tarde. Los argumentos en contra pesaban mil veces más, mientras que los que a favor se confundÃan con miedos, con angustias y sueños. Todo el mundo es infiel, todo el mundo tiene su primera vez…. Las voces de la juventud volvÃan a su cabeza.
De pronto sonó el timbre y Rafael se paralogizó por unos segundos. Miró el resto del departamento vacÃo, luego cerró de golpe la cortina, soltando la respiración. TodavÃa inseguro, se anudó la toalla a la cintura y caminó un par de pasos. Miró el espejo y deseó tener más tiempo para pensarlo, pero ella ya estaba afuera esperándolo.
El timbre seguÃa sonando, y no iba a callarse hasta que él abriera la puerta. Rafael, con la vista clavada en la puerta, esperaba, sopesando razones y recordando siete años de momentos alegres, de un matrimonio feliz. Una molesta y aguda voz femenina comenzó entonces a preguntar si habÃa alguien en el departamento. En un movimiento torpe al voltear, Rafael al piso el teléfono, delatándose. La voz se volvió coqueta:
-Ya sé que estás ahÃ. ¿Quieres jugar a las escondidas?
Cuarenta y cinco dÃas, un mes y medio, seis semanas, ¿Qué estarÃa haciendo Natalia ahora? El plazo mÃnimo era de dos meses, el máximo de tres. Aún asà habÃa casos de pacientes que nunca se recuperaron de este tipo de agresiones. Cuarenta y cinco dÃas y todavÃa temblaba cuando él intentaba abrazarla por las noches. Lo mejor era esperar el primer plazo. ¿Pero si no? Tres meses significaba cuarenta y cinco dÃas más, y Rafael sabÃa que eso era imposible. Necesitaba aceptación, afecto, amor, sexo, y alguien allá afuera estaba dispuesta a darle al menos una, tal vez o dos tres, o con muy mala suerte todas esas cosas.
Natalia estaba lejos de ahà y probablemente ni siquiera sentÃa su ausencia. La sicóloga solÃa decir que muchos matrimonios se quiebran después de crisis como éstas, que lo importante ahora era continuar juntos y que a fin de cuentas el matrimonio sólo son crisis tras crisis que hay que superar. La sicóloga, amiga de Natalia desde la jjuventud, también era csada. Tres veces.
-¡Abre la puerta! ¡Abrela!
La voz no dejaba de gritar. Rafael se puso un pantalón y una camisa recordando una frase de Bob Dylan: cuando no tienes nada, no tienes nada que perder. Buscó las llaves de la puerta. Gerardo, el amigo que le habÃa prestado el departamento, le dijo que quedarÃan sobre la cama, pero Rafael recordó haberlas tomado y puesto en cualquier otra parte.
-¡Abre la puerta! -golpeaba ahora con el puño- ¡Me estoy aburriendo!
-¡Silencio! -los ruidos cesaron- Ya voy,
Las llaves estaban colgadas junto a la puerta. Rafael camino hacia ellas sin poder olvidar que cuando tenÃa catorce años, después de descubrir que su primer amor lo engañaba con su hermano de 21, se habÃa jurado nunca ser infiel. La promesa seguÃa intacta hasta aquella noche.
Metió las llaves y giró una vez a la izquierda. Las voces regresaron mientras se abrÃa la puerta: -Nadie puede ser fiel toda la vida Rafa, nadie.
-Te apuesto que yo sÃ.
-¿Quieres apostar? Te apuesto todas las cosas que tienes a que no vas a poder.
La mujer entró alegando por la tardanza y diciendo que ese tiempo se descontarÃa. Rafael le pidió que esperara y entró al baño. No habÃa vuelta atrás. Le pareció ver a Natalia por primera vez en al universidad, el matrimonio, la luna de miel en Suiza, la noche del ataque, su cuerpo tendido boca abajo, la ambulancia, la policÃa asegurando que iban a atrapar al autor, el momento en que pudo verla en que pudo verla en el hospital y no quiso -o no pudo- abrazarlo.
La mujer lo esperaba sentado en la cama con los hombros echados hacia adelante. Rafael, mirando la ciudad por la ventana, pensó que tal vez tendrÃa que separarse de Natalia, si las cosas no se arreglaban. En todo caso, esa noche no iba a perder su apuesta. Porque -y lo descubrió sólo mientras la empezaba a tocar y ella cruzaba sus brazos sobre el cuello de Rafael- habÃa sido, quizás no desde siempre pero sà al menos desde hace siete años, desde hace seis semanas y desde las diez y diez, una apuesta segura.
* * *
El siguiente texto venÃa al final del cuento, como explicando un poco sobre el autor… o sea yo:
Algún dÃa, quizás, Cristián Raveau podrá contarle a sus nietos que él fue uno de los cien mil jóvenes que rindieron por última vez la PAA en su formato original. En pocos dÃas hará su estreno en la facultad de FilosofÃa y Humanidades de la U. de Chile, donde comenzará a estudiar Letras.



