Hoy en la mañana iba pedaleando cuando noté que la mujer adelante mío parecía tener… un niño en el asiento de atrás de la bicicleta. Pero algo raro había. Entonces saqué la cámara y tomé unas fotos.

Baby on board?

El “hijo” era un amasijo de ropa con casco puesto. Pensé que era una idea realmente ingeniosa, es decir, los autos que entran a Antonio Varas sólo miran hacia el sur (por el sentido de la calle) y a veces meten la parte delantera del auto, obligando a los ciclistas a pasar a la calle. Probablemente una silla para niños con un niño arriba, sea una buena idea para lograr que, en alguna mirada de reojo, los automovilistas respeten un poco a los ciclistas.

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Seguí a la anónima ciclista varias calles y en un semáforo le pregunté si acaso tenía esa ropa puesta así para que pareciera un cabro chico. Me dijo, con cara de sorpresa, que no, que acababa de dejar a su hijo en el jardín infantil y por eso esas cosas estaban ahí.

Ok, fue mi imaginación y el instinto de periodista que me jugó una mala pasada, igual mejor quedar como idiota y salir de la curiosidad que quedar metido todo el día. A lo que voy, es que sigue siendo una buena táctica para lograr mayor respeto y evitar choques con los automovilistas: ropa con casco, o incluso un muñeco de plástico puede servir.

Es el equivalente ciclista a la señal de Baby on board.

A lo “Capitán de Mar y Guerra“.

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Hace cerca de un mes iba pedaleando por Thayer Ojeda cuando algo pasó, no recuerdo bien cómo pero choqué con mi bicicleta a alta velocidad contra un auto estacionado, un hit and run que de “run” no tuvo mucho porque caí a la calle, a Thayer Ojeda, y menos mal que ningún auto me pasó por encima. Agarré la bicicleta, mi mochila, y me tendí en el pasto, contra un árbol, a mirar el cielo. Estuve así como por diez minutos, pensando en que fácilmente me pudieron haber atropellado ese día. Andaba con casco así que no me pasó nada, salvo algunos rasmillones y pesadillas los días que siguieron. El otro lado de la historia fue mi fiel bicicleta, mi pistera verde, que se fue “hacia adentro” por el choque. Tuve que cambiar la horquilla, y aún así no quedó del todo bien. El tipo del taller me dijo que el marco está doblado y que tendré que cambiarlo porque eventualmente, con el tiempo, va a romperse.

Durante Marzo, ya que iba relativamente cerca de mi casa, tomé la bicicleta de mi hermana, una Mountain aro 26, súper vieja y maltrecha, pesada como un burro y que sonaba como si arrastrara cadenas por la calle. Y partí pedaleando, todavía con miedo a las calles, por la ciclovía de Simón Bolivar, hasta la ciclovía de Antonio Varas, para después tomar Sucre hacia abajo. Son atroces esas ciclovías, la gente camina por ellas, los autos estacionan, pero a pesar de todo, es impresionante ver cuánta gente las usa.

La raja

Después del salto, sigue la historia. » Leer el resto de esta entrada..

Estas fotos las vengo tomando hace varias semanas, desde que empezó la campaña electoral, típico momento en el que el espacio público deja de importar y todo se llena de horribles carteles y “palomas” publicitarias. Yo solía mover la propaganda de las ciclovías, después la terminé agarrando a patadas. Los primeros días era impresionante cómo ponían carteles de Alberto Cienfuegos, el ex-General Director de Carabineros, en el medio de una pasada peatonal. Es cierto, los candidatos saben poco o nada de lo que hacen sus delincuentes brigadistas, y la gente común termina pagando las consecuencias. Como siempre, a los políticos no les importa nada salvo ellos mismos.

Los primeros días los carteles ni siquiera iban amarrados con alambre, por lo que al menor viento se venían abajo.

Carteles

En la comuna de Las Condes casi todos los días tuve que mover a Monckeberg del medio de la ciclovía, después empecé a agarrarlos a patadas, hasta que le dije a un brigadista -muy amable, debo decir- que por favor tuviera cuidado con dónde los instalaban. Me prometió fijarse.

Monckeberg se toma la ciclovia

Pero no cumplió, claro. Así que durante varios días seguidos me tocó mover, botarlo o ladear a la dupla Piñera-Monckeberg para que no molestaran a la gente. » Leer el resto de esta entrada..

Iba a toda velocidad, medio atrasado por la ciclovía de Presidente Riesco, y adelante mío iban dos chicos caminando, ocupando las dos pistas. Toqué varias veces mi bocina y se corrieron. Al pasar les dije que estaban en la ciclovía.

-¿Y a quién le interesa? -respondió uno de ellos.

Los chicos de los sectores con más dinero suelen ser más arrogantes, pero basta con que frenes la bicicleta en seco y te devuelvas para que se les quite. Iba atrasado y todo, pero pensé que valía la pena.

-¿Cómo que a quién le interesa? -dije, molesto- a mí me interesa. Esta es una vía exclusiva para ciclistas, es lo mismo que se pongan a caminar por la calle.

-Ya.

-De verdad huevón, puede ser hasta peligroso si alguien a toda velocidad te choca, yo vengo por las noches rajado por esta pista, y si no te veo te puedo enterrar la rueda en las pelotas.

-Ya.

-”Ya, ya” -dije imitándolos- puta, ¿entendiste a quién le interesa?

-Ya.

Y seguí pedaleando. Tan tonta que es la juventud actual. Nosotros éramos tontos pero no arrogantes, que es lo que suele pasar cuando tu papito te compra hasta el último estúpido capricho que se te ocurra. En lo personal no siento que el mundo sea mío; siento que tengo que ganármelo, que es otra cosa.

Y para allá vamos.

En bici, claro.

Ex Ciclovia

¿Se acuerdan de La ciclovía más corta del mundo?

Hace unas semanas en Diagonal Oriente (Ñuñoa) le quitaron una pista a los autos y pusieron una ciclovía. Una decente, real, no esos pedazos de veredas llamados “ciclo-recreo-vías” con árboles y postes de luz que hay que ir esquivando mientras subes y bajas los desniveles hacia la calle. Una ciclovía como la gente, como tiene que ser, una pista exclusiva que se le quita a los autos y se le entrega a los tantos ciclistas que existen en la ciudad.

Con mis amigos comentábamos “primera vez que Sabat hace algo bueno”, pero fiel a su estilo, eso se acabó. El viernes recién pasado simplemente se… pintó la calle y la ciclovía desapareció. ¿Qué pasó? No sé, habrá alegado la gente, se habrá enojado alguien importante, vaya a saber uno.

¿Volveremos a ver la ciclovía más breve del mundo? ¿Dejarán las ciclovías de ser pedazos que le sobren a la calle?

Veremos.

Les he contado en otras ocasiones que por las ciclovías siempre andan peatones o motos, yo siempre les digo, casi sin esperanzas: “señora, va por la ciclovía”. “Jefe, va por la ciclovía”. Me responden por lo general cosas como “si se”, mientras se corren. Nunca les grito cosas ni les tiro garabatos, no soy un ciclista furioso ni me gusta andar desparramando mala onda por las calles, para eso están los taxistas y automovilistas en general.

Hoy me pasó algo diferente. Bajaba por la ciclovía de Presidente Riesco a eso de las 6:30 de la tarde cuando por la otra pista, la de subida, venía alguien caminando.

-Señor, va por la ciclovía -dije.

Y aquel tipo me levantó su dedo del medio. Sonreí y me pregunté qué mierda pasaría por la cabeza de aquel tipo. El siguiente diálogo es prácticamente textual, no les invento nada, porque como siempre, no tengo nada que perder.

-Señor, disculpe -dí la vuelta y me acerqué a él. Medía cerca de 1,65, regordete, vestido de buzo. Como en el sector hay villas militares, supuse que tenía que ver algo con eso- ¿por qué la violencia, la mala onda, si usted va caminando por la ciclovía?
-Porque me molestan ustedes -dijo, y agregó como si algún mal guionista chileno escribiera sus líneas: tu sóla presencia me molesta.

No pude evitar reír muy fuerte.

-¿Mi presencia le molesta? ¿Y por qué, qué le hice yo señor que está tan enojado?
-Porque por culpa de ustedes, weones, le sacan una pista a los autos. Gastan 2.000 millones de pesos en hacer esta wea pa que anden tres pelagatos.
-¿2.000 millones de pesos? -dije, incrédulo- ¿no cree que es mucho?
-No pos weón -y agregó, bajando la voz- conchatumadre.

Me despedí gentilmente y no pude evitar pensar que hay tanta gente así de mal en esta ciudad, enojados por cualquier cosa; todos los que arman tacos por querer pasar con luz verde y quedan bloqueando las calles, todos los que se limpian el trasero con la línea de detención de peatones, los que ignoran los “ceda el paso”.

¿Saben por qué las hormigas nunca tienen atochamientos? Porque nunca se adelantan.

No sé. Creo que voy a instalar mi soporte de cámara en la bicicleta y grabar algunos videos en las ciclovías. Sólo para ver que pasa.

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      • La Momia Roja en papel.

        MomiaRoja Ya está Kioscos de Santiago Centro, Ñuñoa y Providencia, el segundo número de la revista de comic nacional La Momia Roja, colectivo que lleva un buen tiempo en su página web pero que recién ahora se pegó el salto a la pantalla grande. Es humor bastante ácido y fuerte, por lo que no es una recomendación para estómagos sensibles. Que yo me ría con las láminas del álbum "Bacuritas" no significa que a todo el mundo le tenga que parecer gracioso el tema de los sacerdotes pedófilos.   Si quieren conseguirla en kioscos tienen que literalmente correr, yo no la encontré en ningún lado y por suerte me topé con Christiano, quien me vendió un ejemplar y me explicó que la revista no dura mucho en los calles. Una de dos: la compran mucho o las juntas de vecinos piden que sea retirada ya que afecta la moral y las buenas costumbres. No como Maxim o H.

        Si no alcanzan, prueben en la tienda Shazam Comics. La revista sale sólo $500.

      • 6to Festival de Instalación de Software Libre.

        Afiche2010Hace algunos años decidí poner linux en mi computador y aunque me costó un poco aprender, con el tiempo ha sido sumamente provechoso. Todo partió en el FLISOL, el Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre, que se realiza hace cinco años en más de 200 ciudades de 18 países del continente. Este año, debido al terremoto, el evento se aplazó para el sábado 29 de Mayo. Hay una campaña solidaria para reponer computadores en las zonas afectadas, ya que incluso el Zafrada sabe que los computadores viejos corren como nuevos con linux. Como siempre va a haber talleres, charlas y actividades varias, pueden inscribirse gratuitamente en la página oficial o seguir al festival en twitter (@flisolchile). Y recuerden que no es obligación cambiarse de sistema operativo, pueden conocer alternativas gratuitas a programas que ya usan o simplemente hacer preguntas a los amables instaladores que en este día especial soportan a todos los n00bs con la mejor sonrisa en la cara.