El viernes pasado Isabel y yo fuimos al departamento de mi amigo Jaime a tomar unas cervezas, ver el Festival de Viña, o cualquier cosa en la tele, y conversar un rato. Volvimos tipo 2 de la mañana a dormir, y de pronto desperté con todo moviéndose. He hablado con mucha gente esta semana y creo que todos sabemos lo mismo: no hay que pescar mucho a los temblores, al fin y al cabo resultan para este país tan anecdóticos como la lluvia. Pensándolo así, los terremotos son como esas nevadas que pasan de vez en cuando en sectores donde nunca nieva.

En fin, en el momento en que iba a despertar a Isabel mi teléfono de disco cayó al piso, ese fue el momento en que comprendimos, y quizás fue el mismo momento para miles de personas, que esto era más grande de lo normal. Nos levantamos, y yo salí al patio a buscar unas lámparas de camping para iluminar la casa. El agua de la piscina estaba por todo el piso, cruzaba los patios y salía a la calle. Al volver con las luces, tomé algunas fotos.

Ésta es una foto del comedor de mi casa, con toda la repisa en el piso, incluyendo el globo terráqueo desactualizado desde los años ‘80 y la colección de “Revistas del Domingo” antiguas de mi viejo. Por lo menos el terremoto sirvió para que botara un montón de cosas  a la basura. El globo terráqueo no, claro.

El mundo en el piso

Después salí a la calle a tomar fotos, era impresionante ver toda la ciudad a oscuras. A lo lejos viene un auto.

Calles sin luz

De noche

Creo que lo peor de todo no es estar incomunicado, sino el tener esta necesidad desesperante por información. Fui a buscar un personal stereo viejo y le conectamos audífonos para escuchar la radio, que ya transmitía noticias sobre el terremoto. Tengo la sensación de al comienzo haber escuchado por la radio el Canal 24 Horas, después en la radio ADN transmitían. Nada mucho. De pronto volvió la luz, quizás a las 4 de la mañana; prendí el computador y las noticias de otros lados del mundo ya reporteaban sobre el terremoto, en Twitter alguna gente posteaba y alcancé a cargar la página de la BBC Mundo cuando la luz se fue y junto a ella internet. A eso de las 5 de la mañana volvimos a dormir.

Hay más fotos y más historias después del salto. » Leer el resto de esta entrada..

A eso de las seis de la tarde del domingo 24 de Enero de 2010, Erasmo García de 48 años conducía el bus E-15 del Transantiago por la esquina de Trinidad con Santa Raquel, en la Florida, cuando dos jóvenes se subieron sin pagar la tarifa.

El chofer intentó que cancelaran el pago y el pasajero, Alexis Vergara, de 22 años, no encontró nada mejor que enterrarle a García un destornillador en la cabeza, ocasionándole un traumatismo encéfalo craneano penetrante, que días después le provocó la muerte.

Esta semana me tocó harto andar en bus, pero lo había notado desde hace tiempo: los conductores ya no le piden a nadie que pague la tarifa. Apostar la vida por tu empresa no es la mejor idea del mundo, quizás para los empresarios es un ejemplo de valor y dedicación, pero vamos, que no tiene sentido. Menos si las empresas sólo deciden poner rejas o mayor seguridad a los choferes sólo cuando la ley se los exige.

Rarezas

Esta foto la tomé el otro día arriba de un bus que iba por Santa Isabel. Quizás es una coincidencia, quizás un sentido homenaje.

O quizás el cartel publicitario de una Isapre en el que aparece casi transparente un hombre con un parche en la sien, estaba hace mucho tiempo ahí, como un extraño presagio de algo que inevitablemente iba a pasar.

Llevo más de 2.000 kilómetros pedaleados este año por la ciudad de Santiago y me impuse con el tiempo ciertas reglas: por ejemplo respetar todas las leyes del tránsito. La razón es súper simple: no quiero que ningún automovilista me mire cruzar con luz roja y llegue a su casa pensando en que los ciclistas hacen lo que quieren en las calles. Tampoco me paso a las veredas a toda velocidad, no quiero que la gente se sienta agredida por un ciclista. Ni siquiera pido la pasada; si tengo que meterme a la vereda me bajo y camino al lado de la bicicleta hasta que puedo avanzar. Como ven, son cosas pequeñas que sólo tienen por finalidad generar en el resto de la gente más confianza hacia los ciclistas, y la sensación de que somos personas que respetamos la ley y no que “hacemos cualquier cosa” en las calles, lugar que por ley nos pertenece, al ser la bicicleta un vehículo de dos ruedas.

También con el tiempo he desarrollado cierta habilidad con mi cámara fotográfica al pedalear. Hoy iba detrás de un ciclista que de partida iba sin casco, cosa que en esta ciudad me parece muy poco inteligente, pero esa es mi opinión y en realidad da lo mismo, la ley del tránsito dice que los ciclistas tienen que usar luces reflectantes y casco. Te guste o no. Es como usar cinturón de seguridad o hablar por celular en los autos: son instrucciones para todos.

Además este ciclista anónimo, apenas se juntaban los autos en una luz roja, se cruzaba por toda la calle y se pasaba rajado a la vereda.

Ciclista

Después noté que el ciclista anónimo iba también escuchando música. ¿Se imaginan conducir un auto con audífonos, escuchando la radio o la música? No se puede no más.

Acercamiento

Y por supuesto al llegar a Pocuro, mi anónimo colega se pasó a la vereda y cruzó la calle con roja, para después tomar la ciclovía y desaparecer en su pista exclusiva.

Luz roja

Estamos entre todos abriendo espacio a la bicicleta en la ciudad, pero falta mucho todavía, en especial en este tema tan sensible, ¿cómo nos ven los demás? ¿Como una amenaza, como un problema, como un aporte? Todos queremos vías exclusivas, pero mientras no existan, o mientras se sigan haciendo mal, los ciclistas usaremos la calle.

Y ojalá que no existamos en el imaginario colectivo en el mismo nivel que los motociclistas, que si le preguntas a la gente comparten la idea generalizada de que “manejan como las pelotas”. Vamos que se puede.

Les contaba hace un tiempo sobre los taxistas que tienen tomada calle Kennedy al costado del Parque Arauco. La cosa es que la semana pasada una micro le voló el retrovisor a un taxi, y al día siguiente, un chofer de taxi, encerrado por una micro del Transantiago, se subió a la vereda, abrió el portamaletas, sacó la llave de cruz y le hizo mierda el vidrio de la puerta trasera a la micro.

Ustedes me dirán, ¿y la foto? Bueno, con mi instinto de reportero estaba a punto de sacarla cuando, debido a mis malditos movimientos involuntarios -mioclonías- la cámara se me cayó al piso. Bueno, después de maldecirme un rato, pensé que el paso lógico era llevarla al taller de Nikon. Entonces recordé que hace un par de años se me había caído una cámara durante un rodaje, por no haber cerrado bien el estuche. Esa fue mi primera vez en el servicio técnico de Nikon, en ese tiempo estaba en Augusto Leguía.

El tipo del taller se rió entredientes, como diciendo ¿cómo puta se te cae una cámara Nikon? Y ojo, no estoy hablando de cámaras muy cámaras, ninguna que he comprado ha pasado los $100.000. La cosa es que la cámara es mía, pagué por ella, si se me da la gana la tiro contra una piedra, qué se yo.

-Pff, no sé, sesenta lucas, no sé. Te sale mejor comprarte una nueva -y me la devolvió.

O sea no quiso verla, hacer un presupuesto, nada. Tenía la pantalla rota y no servía para nada. Él no se iba a molestar con pequeñeces. Me fui y conseguí otra cámara para seguir tomando mis fotos ese año.

Por eso en realidad como que no tenía muchas ganas de ir al taller de Nikon, pero llamé y me dijeron que cerraban a las 6:30. Yo salía a las 6 y no estaba lejos. Ahora no estaba en Augusto Leguia sino en Callao, muy cerca de donde estaban antes. Mi celular estaba sin batería y no podía saber la hora, pero no había pasado mucho tiempo. Abrí la puerta y la secretaria me dijo de inmediato:

-Estamos cerrados señor.

-¿Cerrados? Yo llamé y me dijeron que cerraban a las 6:30 -dije.

-Si, pero estamos cerrados ya.

-¿Qué hora es? -pregunté, medio confundido, quizás había sufrido un tempus fugit o algo.

-Cinco para las siete -me respondió muy cortante un tipo que estaba atendiendo ahí.

Entonces me fui, caminé un par de cuadras camino a Providencia, medio incrédulo. Una vez que llegué a Tobalaba le pregunté a un cuidador de autos la hora. “Seis treinta y cinco” me dijo. Le pregunté a un par de personas más y todos me dijeron lo mismo. O sea de nuevo en Nikon simplemente no quisieron atenderme. Quizás tienen sincronizados sus relojes y es una especie de conspiración donde ellos viven veinticinco minutos más tarde. No sé. O quizás simplemente les da lata hacer su pega.

Preguntando por ahí llegué hasta un taller pequeño donde me dijeron que arreglan cámaras, en una galería cercana al Metro Tobalaba. La reparaban en un par de días, y el tipo del taller me dijo que les llegaba harta pega de cámaras Nikon, porque ahí no hacen arreglos, sólo cambian piezas. Y siempre te cobran casi lo que vale la cámara, si pagaste $100.000 te van a querer sacar $70.000, el tipo me contó de gente con cámaras de $1.200.000 a quienes les querían cobrar $700.000 por el arreglo.

Por lo menos a esa gente la quisieron atender.

¿Será una especie de enfermedad? Quizás como las cámaras Nikon son la raja, los tipos que atienden ahí se confunden con las cámaras y se creen la raja ellos mismos. En fin, yo no vuelvo más a ese servicio técnico, me gustan las cámaras Nikon pero no soy un fanático idiota; puedo tomar mis fotos con cualquier cámara. Por lo menos ya sé que en otros lados las arreglan, te las entregan con garantía, y a menos de la mitad del precio que te van a decir en Nikon. Como para pensarlo.

Cuando tenía 17 años quise tomar una cerveza con unos amigos en la tranquila y pequeña plaza cerca de mi casa. Abrí la botella, bebí un sorbo y Carabineros llegó de inmediato. Me llevaron detenido y se tomaron la cerveza. En serio.

Era 1997. El tiempo ha pasado y en la plaza de mi barrio se juntan todos los fines de semana pendejos flaites a tomar, gritar, dejar todo lleno de basura y rayar con spray las casas. Hace un tiempo caminaba por mi calle y una anciana miraba con desconsuelo cómo se habían saltado su reja y le habían rayado directamente la casa. La noche del viernes al sábado el timbre de mi casa empezó a sonar, como si lo hubieran pegado. Me desperté con Isabel, también mi vieja, y salimos a ver cómo se quemaba una parte de la reja. Las llamas estaban bien altas, éste video es del final, justo antes de tomar la manguera y apagar el fuego.

A unas pocas casas, un grupo de minas tomaba algo en un segundo piso. Les pregunté y me dijeron que dos chicos habían puesto algo, luego habían estado un buen rato con un encendedor, y habían prendido el timbre. Nada que hacer. Por lo menos yo quería que la cosa quedara en algún lado registrada, que alguien supiera, que fuera parte de esas cifras de delincuencia tan bajas que tiene la comuna de Ñuñoa.

Llegaron los Carabineros y me preguntaron si quería hacer la denuncia, aclarándome que si la hacía, tenía que ir a Tribunales a declarar cuando me llamaran, que podía perder tiempo, que bla blá blá, así como dándome a entender que era una lata.

-¿Eso es todo? -le pregunté-  ¿O denuncio y tengo que ir a testificar…. o acá no pasó nada?

-Afirmativo -me respondieron.

Y así es la cosa no más. Debería haber una instancia intermedia para contabilizar delitos pequeños o cosas chicas como éstas, que contribuyen a una sensación de inseguridad mayor en el barrio. Ahora que soy parte de la gran cifra negra, me pregunto a cuánta gente le habrá pasado lo mismo. Hace tiempo ya rayaron mi portón, ahora lo quemaron.

Y lo más curioso de todo es que cuando salgan las cifras de delincuencia… bueno, esto jamás pasó.

Una foto más o menos antigua, de otra venida de Yingo al G-Max del Parque Arauco. La chica de rosado, a la derecha, me dijo “cuidado con la inversión” mientras amarraba un cinturón de seguridad por sobre su pecho.

Yingo en Gmax

El otro día fue el programa Yingo a hacer una prueba en el G-Max del  Parque Arauco. Tenían que nombrar elementos de una sala de clases mientras el juego subía. Cuando bajaron, una rucia llamada Joyce le espetó a su contricante masculino:

-No sabes nada, por eso la educación en Chile está tan mal. Por eso lo del Cisario.
-¿Lo del… qué? -pregunté, metiéndome en la conversación.
-Cisario.
-Cisarro, será.
-Ah, eso.

Hoy pensaba en cómo recordará la historia a Álex  Hernández, el cerebro tras programas como Mekano, y su versión actualizada, Yingo, que como recordarán partió con la idea de un concurso de estrellas que representaban a un par de niños que podían ganar de premio su educación universitaria completa. Quizás para desentenderse un poco de Mekano, cuya sóla existencia era difícil de justificar.

A todo esto, ¿han visto imágenes de lo que era Mekano por esos días? Un programa de una inocencia impactante, chicas normales vestidas con jeans, faldas o petos, bailando canciones medianamente eróticas. Un Teleduc comparado con el desfile de potos, tetas, mujeres en ropa interior y la constante celebración de chicas operadas, con la justificación de que “se sienten mejor ellas”, que podríamos complementar con “por tener más pega ahora”.

Yingo acumula 16 cargos en el CNTV, en general por sobrecarga erótica, poca vestimenta y denigración de la mujer en horario para toda la familia. En realidad el problema es más bien el horario, porque después de las 10 de la noche Chilevisión se dedica a mostrar piel a diestra y siniestra, con la excusa de sus “series de ficción”.

Y lo que Yingo atrae es otro cuento. Cuando el programa vino eran las 11 de la mañana y una tropa de gente se reunía a mirarlos, un grupo de cinco o seis flaites gritaba cosas, una mujer le pasaba a Joyce su bebé para tomarle una foto sosteniéndola en brazos. A la gente le encanta y supongo que la justificación del espacio va por ahí, traer un poco de entretención a la gente en sus casas, mientras toman once o sobreviven a sus problemas. Claro, podrías decir que a esa hora los chicos deberían estar haciendo las tareas o leyendo libros, pero no hay duda de que para muchos es un escapismo poco inocente a esas frías tardes de invierno. Y claro, a esas noches aún más frias para tanto adolescentes y preadolescentes que descubren cómo debería ser  la chica de sus sueños.

Por eso la pregunta persiste, y bien en serio, ¿cómo recordará la histora a Yingo y a Álex Hernández?

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      • La antigua China y el Ejército de Terracota.

        Ejercito de TerracoraHasta el 30 de abril de 2010 se exhibe en el Centro Cultural Palacio de la Moneda [Mapa] la exhibición La Antigua China y el Ejército de Terracota, son 123 objetos de las dinastías Qin y Han, incluyendo varios originales de los famosos "Guerreros de Terracota", el mayor hallazgo arqueológico del siglo XX. El emperador Qin (se pronuncia "Xin", de ahí viene el nombre "China") mandó construir a sus 13 años un enorme ejército de más de 7.000 figuras de terracota a escala real, cada una con rasgos únicos, un batallón de soldados, carros y arqueros que lo acompañaría después de la muerte. Sólo en 1974, cuando unos campesinos buscaban agua en la región de Xi'an, se encontró este enorme mausoleo. La muestra incluye figuras de terracota originales, algunas réplicas, y muchos objetos de la vida diaria de estas dos dinastías. Realmente imperdible, hay que tener sesos de greda como para no ir, además es barato, la entrada general vale $1.000, y $500 para estudiantes. Pero de lunes a viernes las primeras 500 entradas -y los sábados y domingos las primeras 100- son gratis. Está abierto todos los días de 9:00 a 20:30, y los viernes hasta las 24 horas. Revisen la página oficial para más info.

      • Tole Tole Gamers 2010.

        Toletolers Me llegó esto por mail y me pareció interesante compartirlo con ustedes, porque no todo es teatro en "Santiago a Mil", también en San Antonio hay cultura: el 23 y 24 de Enero, desde las 11:00 se realizará el 8vo Tole Tole Gamers, un evento de comics y entretenimiento, con mangas, juegos de cartas, lucha libre, bandas en vivo, torneos (Street Fighter 4, Rock Band, Guitar Hero, etc), Tarreos nocturnos (Counter Strike y demases), entre otras actividades. Todo esto es en la Estación Cultural de LloLleo  y la entrada es liberada, así que bien vale la pena el viaje. Si quieren más info hagan click sobre la imagen para agrandar.