Este es un post en constante actualización, a medida que voy tomando y subiendo fotos en la ciclovía.

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Hace unos meses me cambié a un departamento cerca del Estadio Nacional, por lo que la ciclovía de Antonio Varas se convirtió en mi nueva ruta hacia la pega. Es la misma ciclovía que angostaron el año pasado para darle más espacio a los autos, una ruta que está lejos de ser perfecta, vamos viendo algunas fotos que he tomado con el tiempo, y les voy contando por qué:

  • Pavimento en mal estado.

Esta ciclovía tiene dos partes bien diferenciadas, la primera va desde Providencia hasta Santa Isabel, va próxima a las veredas y no tiene tantos problemas de asfalto. Pero desde Santa Isabel hacia el sur, hasta Irarrázaval, la situación cambia radicalmente,

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Hay unos eventos enormes, si conoces la ruta ya sabes más o menos cómo evitarlos, pero quienes pasan por primera vez sin duda se llevan una sorpresa.

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Para qué decir con lluvia. Varias esquinas de esta ciclovía lo pasan muy mal, yo siempre disminuyo la velocidad porque la otra opción es sacarse la cresta pasando por sobre los separadores y terminar en la calle, así que los días de mucha lluvia la única opción real es llegar con los pantalones algo mojados al trabajo.

  • Peatones

Creo que con el tiempo –y con los gritos- la gente ha entendido que estas son vías exclusivas para bicicletas, que si caminas por ahí es posible que te choquen o te pasen a mucha velocidad por el lado.

Sin embargo mucha gente sigue caminando por la ciclovía como una opción a cuando la luz roja cree un taco que detenga los autos lo suficiente como para cruzar. Esperé un buen rato para tomar esta foto, es el clásico ejemplo matutino de la vieja nerviosa que camina medio apurada para cruzar en cualquier lado. El problema de esta situación es que usualmente quedan en los veinte centímetros que hay entre la ciclovía y los autos.

A mí me pasó una vez que con el manubrio le pasé a llevar la cartera a una señora. Ciertamente no era mi intención, pero si estás parado y la cartera se balancea hacia la ciclovía, puede pasar.

El peatón que camina....

El problema al revés es mucho más complicado, cuando los peatones cruzan en cualquier lado hacia la ciclovía, porque uno no los ve hasta que ya están encima.

Peatones

Esa foto es realmente al revés, a veces tomo la cámara y apunto hacia atrás. No siempre funciona.

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Imboden

No encontré el video que andaba buscando, el del último comercial de Farmacias Ahumada, pero la sola frase publicitaria me parece realmente asquerosa, una burla al sistema judicial chileno y en especial a los consumidores. Es increíble que la primera farmacia en reconocer que se habían coludido para subir los precios de los medicamentos, tenga una frase publicitaria como ésta:

En Farmacias Ahumada nuestro compromiso siempre ha sido el mismo.

Por lo general la gente no le toma el peso a las palabras que dice, por eso -aunque hay muchas otras razones- tenemos que escuchar estupideces todo el día. ¿Acaso Farmacias Ahumada siempre ha intentado cagarse a sus clientes? “El compromiso con pagar la nueva mansión en el sur de nuestros gerentes, y el quinto yate de nuestro presidente, sigue intacto”.

Y bueno, otra vez está Francisca Imboden como rostro televisivo de la cadena, yo no sé cómo será su contrato, quizás firmó nuevamente con Ahumada o quizás tenía un contrato por más tiempo. El año pasado en una entrevista a Radio Cooperativa, aparece lo siguiente:

Imboden, que desde hace un par de meses es rostro de Farmacias Ahumada, señaló que “probablemente” de haber sabido lo de la colusión para subir los precios de los medicamentos no habría firmado.

Por eso digo que ojalá no haya firmado de nuevo, por otro año más, a sabiendas de que el compromiso sigue siendo el mismo. Es el mismo caso de María José Prieto, de la cadena SalcoBrand.

¿Alguien se acordará de los otros compromisos? Tener los remedios en góndolas, visibles para el público. El año pasado cuando trabajaba en un mall, a veces me dolía la espalda y antes de trabajar pasaba a comprar Ibuprofeno. Era impresionante ir a una SalcoBrand, pedir el remedio y que me dijeran que no había genérico, que sólo tenían uno de marca, que sobrepasaba los $3.000. Mi solución era volver unos 10 minutos después, con mi vestimenta de trabajador de mall, ser atendido por otro vendedor y poder comprar la versión que sale menos de $500. En la misma farmacia. ¿Será un síntoma de que todavía les queda algo de corazón? No les da lo mismo cagarse a un cliente que a un colega de centro comercial.

Por otro lado ahora se está analizando la posibilidad de que empiecen a vender algunos remedios en supermercados, y claro, de pronto se alzan voces que creen que es una pésima idea, los mismos trabajadores de las farmacias alegan porque saben que pueden perder su trabajo, y el colegio de Químico Farmacéuticos dice que los precios no variarán y que incluso pueden aumentar los casos de intoxicaciones. Es que no quieren perder por ningún lado. Quizás me vaya a la posta si me tomo un Tapsin noche de más.

Y ni hablar de aquellas locas ideas como una cadena de Farmacias Estatal, o una AFP estatal. Sería la quiebra absoluta para estos farsantes.

El tema de la salud, manejado por quienes tienen un fuerte compromiso con hacerse millonarios, es bien complicado. Veíamos ahora cómo el Tribunal Constitucional va a cambiar cierta parte de la tabla en la cual las Isapres se basan para poner sus precios. ¿Alguien cree sinceramente que eso va a cambiar algo? Ya se han alzado voces de que es un cambio cosmético, que los precios ya existen, y que probablemente lo que ocurra sea que terminen subiendo todos los precios de los planes de salud en vez de que ellos vayan a -ni dios lo quiera- perder un peso.

Un desastre por donde se le mire.

A lo “Capitán de Mar y Guerra“.

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Hace cerca de un mes iba pedaleando por Thayer Ojeda cuando algo pasó, no recuerdo bien cómo pero choqué con mi bicicleta a alta velocidad contra un auto estacionado, un hit and run que de “run” no tuvo mucho porque caí a la calle, a Thayer Ojeda, y menos mal que ningún auto me pasó por encima. Agarré la bicicleta, mi mochila, y me tendí en el pasto, contra un árbol, a mirar el cielo. Estuve así como por diez minutos, pensando en que fácilmente me pudieron haber atropellado ese día. Andaba con casco así que no me pasó nada, salvo algunos rasmillones y pesadillas los días que siguieron. El otro lado de la historia fue mi fiel bicicleta, mi pistera verde, que se fue “hacia adentro” por el choque. Tuve que cambiar la horquilla, y aún así no quedó del todo bien. El tipo del taller me dijo que el marco está doblado y que tendré que cambiarlo porque eventualmente, con el tiempo, va a romperse.

Durante Marzo, ya que iba relativamente cerca de mi casa, tomé la bicicleta de mi hermana, una Mountain aro 26, súper vieja y maltrecha, pesada como un burro y que sonaba como si arrastrara cadenas por la calle. Y partí pedaleando, todavía con miedo a las calles, por la ciclovía de Simón Bolivar, hasta la ciclovía de Antonio Varas, para después tomar Sucre hacia abajo. Son atroces esas ciclovías, la gente camina por ellas, los autos estacionan, pero a pesar de todo, es impresionante ver cuánta gente las usa.

La raja

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El viernes pasado Isabel y yo fuimos al departamento de mi amigo Jaime a tomar unas cervezas, ver el Festival de Viña, o cualquier cosa en la tele, y conversar un rato. Volvimos tipo 2 de la mañana a dormir, y de pronto desperté con todo moviéndose. He hablado con mucha gente esta semana y creo que todos sabemos lo mismo: no hay que pescar mucho a los temblores, al fin y al cabo resultan para este país tan anecdóticos como la lluvia. Pensándolo así, los terremotos son como esas nevadas que pasan de vez en cuando en sectores donde nunca nieva.

En fin, en el momento en que iba a despertar a Isabel mi teléfono de disco cayó al piso, ese fue el momento en que comprendimos, y quizás fue el mismo momento para miles de personas, que esto era más grande de lo normal. Nos levantamos, y yo salí al patio a buscar unas lámparas de camping para iluminar la casa. El agua de la piscina estaba por todo el piso, cruzaba los patios y salía a la calle. Al volver con las luces, tomé algunas fotos.

Ésta es una foto del comedor de mi casa, con toda la repisa en el piso, incluyendo el globo terráqueo desactualizado desde los años ’80 y la colección de “Revistas del Domingo” antiguas de mi viejo. Por lo menos el terremoto sirvió para que botara un montón de cosas  a la basura. El globo terráqueo no, claro.

El mundo en el piso

Después salí a la calle a tomar fotos, era impresionante ver toda la ciudad a oscuras. A lo lejos viene un auto.

Calles sin luz

De noche

Creo que lo peor de todo no es estar incomunicado, sino el tener esta necesidad desesperante por información. Fui a buscar un personal stereo viejo y le conectamos audífonos para escuchar la radio, que ya transmitía noticias sobre el terremoto. Tengo la sensación de al comienzo haber escuchado por la radio el Canal 24 Horas, después en la radio ADN transmitían. Nada mucho. De pronto volvió la luz, quizás a las 4 de la mañana; prendí el computador y las noticias de otros lados del mundo ya reporteaban sobre el terremoto, en Twitter alguna gente posteaba y alcancé a cargar la página de la BBC Mundo cuando la luz se fue y junto a ella internet. A eso de las 5 de la mañana volvimos a dormir.

Hay más fotos y más historias después del salto. » Leer el resto de esta entrada..

A eso de las seis de la tarde del domingo 24 de Enero de 2010, Erasmo García de 48 años conducía el bus E-15 del Transantiago por la esquina de Trinidad con Santa Raquel, en la Florida, cuando dos jóvenes se subieron sin pagar la tarifa.

El chofer intentó que cancelaran el pago y el pasajero, Alexis Vergara, de 22 años, no encontró nada mejor que enterrarle a García un destornillador en la cabeza, ocasionándole un traumatismo encéfalo craneano penetrante, que días después le provocó la muerte.

Esta semana me tocó harto andar en bus, pero lo había notado desde hace tiempo: los conductores ya no le piden a nadie que pague la tarifa. Apostar la vida por tu empresa no es la mejor idea del mundo, quizás para los empresarios es un ejemplo de valor y dedicación, pero vamos, que no tiene sentido. Menos si las empresas sólo deciden poner rejas o mayor seguridad a los choferes sólo cuando la ley se los exige.

Rarezas

Esta foto la tomé el otro día arriba de un bus que iba por Santa Isabel. Quizás es una coincidencia, quizás un sentido homenaje.

O quizás el cartel publicitario de una Isapre en el que aparece casi transparente un hombre con un parche en la sien, estaba hace mucho tiempo ahí, como un extraño presagio de algo que inevitablemente iba a pasar.

Llevo más de 2.000 kilómetros pedaleados este año por la ciudad de Santiago y me impuse con el tiempo ciertas reglas: por ejemplo respetar todas las leyes del tránsito. La razón es súper simple: no quiero que ningún automovilista me mire cruzar con luz roja y llegue a su casa pensando en que los ciclistas hacen lo que quieren en las calles. Tampoco me paso a las veredas a toda velocidad, no quiero que la gente se sienta agredida por un ciclista. Ni siquiera pido la pasada; si tengo que meterme a la vereda me bajo y camino al lado de la bicicleta hasta que puedo avanzar. Como ven, son cosas pequeñas que sólo tienen por finalidad generar en el resto de la gente más confianza hacia los ciclistas, y la sensación de que somos personas que respetamos la ley y no que “hacemos cualquier cosa” en las calles, lugar que por ley nos pertenece, al ser la bicicleta un vehículo de dos ruedas.

También con el tiempo he desarrollado cierta habilidad con mi cámara fotográfica al pedalear. Hoy iba detrás de un ciclista que de partida iba sin casco, cosa que en esta ciudad me parece muy poco inteligente, pero esa es mi opinión y en realidad da lo mismo, la ley del tránsito dice que los ciclistas tienen que usar luces reflectantes y casco. Te guste o no. Es como usar cinturón de seguridad o hablar por celular en los autos: son instrucciones para todos.

Además este ciclista anónimo, apenas se juntaban los autos en una luz roja, se cruzaba por toda la calle y se pasaba rajado a la vereda.

Ciclista

Después noté que el ciclista anónimo iba también escuchando música. ¿Se imaginan conducir un auto con audífonos, escuchando la radio o la música? No se puede no más.

Acercamiento

Y por supuesto al llegar a Pocuro, mi anónimo colega se pasó a la vereda y cruzó la calle con roja, para después tomar la ciclovía y desaparecer en su pista exclusiva.

Luz roja

Estamos entre todos abriendo espacio a la bicicleta en la ciudad, pero falta mucho todavía, en especial en este tema tan sensible, ¿cómo nos ven los demás? ¿Como una amenaza, como un problema, como un aporte? Todos queremos vías exclusivas, pero mientras no existan, o mientras se sigan haciendo mal, los ciclistas usaremos la calle.

Y ojalá que no existamos en el imaginario colectivo en el mismo nivel que los motociclistas, que si le preguntas a la gente comparten la idea generalizada de que “manejan como las pelotas”. Vamos que se puede.

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Sobre mí:

Productor audiovisual, Escritor.
Ciclista urbano y fotógrafo aficionado.

    • Tin Tin en el cine.

      La semana pasada llegó por fin a los cines "Las Aventuras de Tin Tin: El secreto del Unicornio", la primera de tres películas en esta adaptación de Steven Spielberg y Peter Jackson del famoso comic de Hergé. Les he contado en otras ocasiones que soy un gran fanático de esta saga: pues bien, la película no decepciona. Es realmente increíble, tiene acción, humor y aventuras. Si no conocen al personaje, simplemente imaginen que van a ver Indiana Jones y listo. En cualquier cine del país.

    • Festival CineB 4.

      Del 4 al 13 de Noviembre se realizará la 4ta versión del Festival de Cine B. La idea es llevar a la pantalla un grupo de películas y cortometrajes independientes, de bajo presupuesto, de estudiantes o que simplemente no pueden exhibirse en otras salas. Son 700 películas, más de 40 en competencia, 18 salas en Santiago y 8 sedes en regiones. Puedes revisar la página oficial para más información sobre la programación, lugares y precios.