Les contaba hace un tiempo sobre los taxistas que tienen tomada calle Kennedy al costado del Parque Arauco. La cosa es que la semana pasada una micro le voló el retrovisor a un taxi, y al día siguiente, un chofer de taxi, encerrado por una micro del Transantiago, se subió a la vereda, abrió el portamaletas, sacó la llave de cruz y le hizo mierda el vidrio de la puerta trasera a la micro.

Ustedes me dirán, ¿y la foto? Bueno, con mi instinto de reportero estaba a punto de sacarla cuando, debido a mis malditos movimientos involuntarios -mioclonías- la cámara se me cayó al piso. Bueno, después de maldecirme un rato, pensé que el paso lógico era llevarla al taller de Nikon. Entonces recordé que hace un par de años se me había caído una cámara durante un rodaje, por no haber cerrado bien el estuche. Esa fue mi primera vez en el servicio técnico de Nikon, en ese tiempo estaba en Augusto Leguía.

El tipo del taller se rió entredientes, como diciendo ¿cómo puta se te cae una cámara Nikon? Y ojo, no estoy hablando de cámaras muy cámaras, ninguna que he comprado ha pasado los $100.000. La cosa es que la cámara es mía, pagué por ella, si se me da la gana la tiro contra una piedra, qué se yo.

-Pff, no sé, sesenta lucas, no sé. Te sale mejor comprarte una nueva -y me la devolvió.

O sea no quiso verla, hacer un presupuesto, nada. Tenía la pantalla rota y no servía para nada. Él no se iba a molestar con pequeñeces. Me fui y conseguí otra cámara para seguir tomando mis fotos ese año.

Por eso en realidad como que no tenía muchas ganas de ir al taller de Nikon, pero llamé y me dijeron que cerraban a las 6:30. Yo salía a las 6 y no estaba lejos. Ahora no estaba en Augusto Leguia sino en Callao, muy cerca de donde estaban antes. Mi celular estaba sin batería y no podía saber la hora, pero no había pasado mucho tiempo. Abrí la puerta y la secretaria me dijo de inmediato:

-Estamos cerrados señor.

-¿Cerrados? Yo llamé y me dijeron que cerraban a las 6:30 -dije.

-Si, pero estamos cerrados ya.

-¿Qué hora es? -pregunté, medio confundido, quizás había sufrido un tempus fugit o algo.

-Cinco para las siete -me respondió muy cortante un tipo que estaba atendiendo ahí.

Entonces me fui, caminé un par de cuadras camino a Providencia, medio incrédulo. Una vez que llegué a Tobalaba le pregunté a un cuidador de autos la hora. “Seis treinta y cinco” me dijo. Le pregunté a un par de personas más y todos me dijeron lo mismo. O sea de nuevo en Nikon simplemente no quisieron atenderme. Quizás tienen sincronizados sus relojes y es una especie de conspiración donde ellos viven veinticinco minutos más tarde. No sé. O quizás simplemente les da lata hacer su pega.

Preguntando por ahí llegué hasta un taller pequeño donde me dijeron que arreglan cámaras, en una galería cercana al Metro Tobalaba. La reparaban en un par de días, y el tipo del taller me dijo que les llegaba harta pega de cámaras Nikon, porque ahí no hacen arreglos, sólo cambian piezas. Y siempre te cobran casi lo que vale la cámara, si pagaste $100.000 te van a querer sacar $70.000, el tipo me contó de gente con cámaras de $1.200.000 a quienes les querían cobrar $700.000 por el arreglo.

Por lo menos a esa gente la quisieron atender.

¿Será una especie de enfermedad? Quizás como las cámaras Nikon son la raja, los tipos que atienden ahí se confunden con las cámaras y se creen la raja ellos mismos. En fin, yo no vuelvo más a ese servicio técnico, me gustan las cámaras Nikon pero no soy un fanático idiota; puedo tomar mis fotos con cualquier cámara. Por lo menos ya sé que en otros lados las arreglan, te las entregan con garantía, y a menos de la mitad del precio que te van a decir en Nikon. Como para pensarlo.

Cuando tenía 17 años quise tomar una cerveza con unos amigos en la tranquila y pequeña plaza cerca de mi casa. Abrí la botella, bebí un sorbo y Carabineros llegó de inmediato. Me llevaron detenido y se tomaron la cerveza. En serio.

Era 1997. El tiempo ha pasado y en la plaza de mi barrio se juntan todos los fines de semana pendejos flaites a tomar, gritar, dejar todo lleno de basura y rayar con spray las casas. Hace un tiempo caminaba por mi calle y una anciana miraba con desconsuelo cómo se habían saltado su reja y le habían rayado directamente la casa. La noche del viernes al sábado el timbre de mi casa empezó a sonar, como si lo hubieran pegado. Me desperté con Isabel, también mi vieja, y salimos a ver cómo se quemaba una parte de la reja. Las llamas estaban bien altas, éste video es del final, justo antes de tomar la manguera y apagar el fuego.

A unas pocas casas, un grupo de minas tomaba algo en un segundo piso. Les pregunté y me dijeron que dos chicos habían puesto algo, luego habían estado un buen rato con un encendedor, y habían prendido el timbre. Nada que hacer. Por lo menos yo quería que la cosa quedara en algún lado registrada, que alguien supiera, que fuera parte de esas cifras de delincuencia tan bajas que tiene la comuna de Ñuñoa.

Llegaron los Carabineros y me preguntaron si quería hacer la denuncia, aclarándome que si la hacía, tenía que ir a Tribunales a declarar cuando me llamaran, que podía perder tiempo, que bla blá blá, así como dándome a entender que era una lata.

-¿Eso es todo? -le pregunté-  ¿O denuncio y tengo que ir a testificar…. o acá no pasó nada?

-Afirmativo -me respondieron.

Y así es la cosa no más. Debería haber una instancia intermedia para contabilizar delitos pequeños o cosas chicas como éstas, que contribuyen a una sensación de inseguridad mayor en el barrio. Ahora que soy parte de la gran cifra negra, me pregunto a cuánta gente le habrá pasado lo mismo. Hace tiempo ya rayaron mi portón, ahora lo quemaron.

Y lo más curioso de todo es que cuando salgan las cifras de delincuencia… bueno, esto jamás pasó.

Una foto más o menos antigua, de otra venida de Yingo al G-Max del Parque Arauco. La chica de rosado, a la derecha, me dijo “cuidado con la inversión” mientras amarraba un cinturón de seguridad por sobre su pecho.

Yingo en Gmax

El otro día fue el programa Yingo a hacer una prueba en el G-Max del  Parque Arauco. Tenían que nombrar elementos de una sala de clases mientras el juego subía. Cuando bajaron, una rucia llamada Joyce le espetó a su contricante masculino:

-No sabes nada, por eso la educación en Chile está tan mal. Por eso lo del Cisario.
-¿Lo del… qué? -pregunté, metiéndome en la conversación.
-Cisario.
-Cisarro, será.
-Ah, eso.

Hoy pensaba en cómo recordará la historia a Álex  Hernández, el cerebro tras programas como Mekano, y su versión actualizada, Yingo, que como recordarán partió con la idea de un concurso de estrellas que representaban a un par de niños que podían ganar de premio su educación universitaria completa. Quizás para desentenderse un poco de Mekano, cuya sóla existencia era difícil de justificar.

A todo esto, ¿han visto imágenes de lo que era Mekano por esos días? Un programa de una inocencia impactante, chicas normales vestidas con jeans, faldas o petos, bailando canciones medianamente eróticas. Un Teleduc comparado con el desfile de potos, tetas, mujeres en ropa interior y la constante celebración de chicas operadas, con la justificación de que “se sienten mejor ellas”, que podríamos complementar con “por tener más pega ahora”.

Yingo acumula 16 cargos en el CNTV, en general por sobrecarga erótica, poca vestimenta y denigración de la mujer en horario para toda la familia. En realidad el problema es más bien el horario, porque después de las 10 de la noche Chilevisión se dedica a mostrar piel a diestra y siniestra, con la excusa de sus “series de ficción”.

Y lo que Yingo atrae es otro cuento. Cuando el programa vino eran las 11 de la mañana y una tropa de gente se reunía a mirarlos, un grupo de cinco o seis flaites gritaba cosas, una mujer le pasaba a Joyce su bebé para tomarle una foto sosteniéndola en brazos. A la gente le encanta y supongo que la justificación del espacio va por ahí, traer un poco de entretención a la gente en sus casas, mientras toman once o sobreviven a sus problemas. Claro, podrías decir que a esa hora los chicos deberían estar haciendo las tareas o leyendo libros, pero no hay duda de que para muchos es un escapismo poco inocente a esas frías tardes de invierno. Y claro, a esas noches aún más frias para tanto adolescentes y preadolescentes que descubren cómo debería ser  la chica de sus sueños.

Por eso la pregunta persiste, y bien en serio, ¿cómo recordará la histora a Yingo y a Álex Hernández?

Rostros

¿Por qué la gente acepta ser rostro de las tiendas? Hay una sóla razón y claro está, es el dinero. No creo que a nadie le guste salir con la cara que sale el actor Benjamín Vicuña en las entradas de Almacenes París (me niego a decirle simplemente “Paris”, tal como me niego a decirle “Chester” a los “Fonzies).  Gigante. Enorme. Tienes que pasar entre él y Tonka Tomicic, o Claudia Conserva si quieres entrar a la tienda. Simpáticos, te hacen un gesto para que guardes el “secreto”: están en Liquidación. Como todo el año.

En realidad deben pagar bien porque es similar a prostituirse. Ok eso puede ser exagerado. No es tan similar. Porque si te prostituyes vendes tu cuerpo y acá sólo vendes tu imagen. Puede ser como… esas chicas que se sacan fotos para los portales de adultos y la gente las compra, como Planeta Modelos por ejemplo. Se trata de vender, y a veces lo mejor que tienes no es precisamente tu cara sino tu cuerpo.

Pero por lo menos la gente de Almacenes París tiene rostos que efectivamente salen en la tele, en cambio Falabella, entre Catalina Pulido, Sergio Lagos y Cecilia Bolocco hacen menos horas en pantalla que “Visiones”. Mierda, ya no existe “Visiones”. Podríamos decir que hacen menos horas que el curita de Canal 13.

Son conjeturas, nunca voy a saber lo que se siente ser rostro de algo. Pero el otro día pasé por Plaza Italia y tomé la siguiente foto. Me imagino que debe ser lo que siente un rostro cuando deja de serlo y no recibe más esos suculentos cheques por mostrar su bella cara cada fin de mes.

Rico

Dicen que viene una ola polar por estos días. Nos vemos.

Salí tarde del Parque Arauco hoy, tipo 1 de la mañana, y mientras sacaba mi bicicleta de la caseta donde la guardo, le conté al guardia que vi a dos grupos de chicos lanzándose piedras. Unos estaban en la calle, los otros en la pasarela que cruza Kennedy. Se gritaban y se lanzaban cosas. Eran estos clásicos cuicos flaites, chicos de barrio alto con mucho dinero que para no morir vírgenes actúan y hablan como si fueran de la peor población de Santiago.

En fin, la cosa es que en su estúpido afán de parecer agresivos, lanzaban piedras a una pasarela de rejas impenetrables, por lo que las piedras caían sobre la calle donde por suerte no habían autos pasando en ese momento. Uno de esos errores tontos en un mal día y puedes terminar con alguien inocente muerto tras un parabrisas roto.

Le contaba esto al guardia del Parque Arauco y él me contaba otra historia:

Debe haber sido hace dos semanas, sonó una alarma en alguno de los departamentos del frente del Parque y llegó Carabineros. Yo me puse a conversar con uno de ellos y de pronto pasó por Kennedy un auto como a 200 kilómetros por hora. Le dije “oiga, ¿y ustedes no hacen nada cuando ven pasar a alguien a esa velocidad? Y el Poli me dijo que antes lo hacían, pero que en la comisaría x tienen como a cuatro carabineros siendo procesados porque se les ocurrió detener a algún jóven manejando en estado de ebriedad, y a la media hora llegó el papá o el abogado, diciendo que eran amigos del diputado no se cúanto, o que era la cuñada de no se qué senador. E inventan que los carabineros golpean a los chicos y los demandan.

“Así que ya nos aburrimos” -dijo el carabinero- “ahora los dejamos pasar no más. Después, cuando se estrellan, los tapamos con diario y  los recogemos con cuchara”.

Me fui pensando en lo cierto que es eso, ayer veía Contacto en Canal 13 y pensaba en tanto reportaje de “investigación” sobre cosas que todos sabemos: que en el centro roban, que a los turistas los estafan, que los jóvenes toman alcohol en exceso, que los chilenos son gordos o manejan mal, que los moteles son sucios, que los parlamentarios no hacen nada, que la comida de la calle es sucia o que los maestros chasquilla intentan estafarte.

Así es bien fácil ser periodista. Cuando tienes un tema como éste, carabineros demandados por hacer lo correcto, ni te preocupas en proponerlo a tu equipo o a tu editor, porque en cada medio de prensa debe haber algún ejecutivo que tiene amigos, familia, o favores que pagar.  Y me imagino al editor diciéndo que mejor no, “búscate algo más simple… el perro que habla, las peloláis, los accidentes, las estafas. Eso es lo que la gente quiere ver en la tele”.

El resto, mejor taparlo con diario.

Que para eso sirve el diario en realidad: para prender asados, cubrir el piso en caso de lluvia, hacer gorros si uno va a pintar o envolver pescado. Para informarse, mejor no.

Les he contado en otras ocasiones que por las ciclovías siempre andan peatones o motos, yo siempre les digo, casi sin esperanzas: “señora, va por la ciclovía”. “Jefe, va por la ciclovía”. Me responden por lo general cosas como “si se”, mientras se corren. Nunca les grito cosas ni les tiro garabatos, no soy un ciclista furioso ni me gusta andar desparramando mala onda por las calles, para eso están los taxistas y automovilistas en general.

Hoy me pasó algo diferente. Bajaba por la ciclovía de Presidente Riesco a eso de las 6:30 de la tarde cuando por la otra pista, la de subida, venía alguien caminando.

-Señor, va por la ciclovía -dije.

Y aquel tipo me levantó su dedo del medio. Sonreí y me pregunté qué mierda pasaría por la cabeza de aquel tipo. El siguiente diálogo es prácticamente textual, no les invento nada, porque como siempre, no tengo nada que perder.

-Señor, disculpe -dí la vuelta y me acerqué a él. Medía cerca de 1,65, regordete, vestido de buzo. Como en el sector hay villas militares, supuse que tenía que ver algo con eso- ¿por qué la violencia, la mala onda, si usted va caminando por la ciclovía?
-Porque me molestan ustedes -dijo, y agregó como si algún mal guionista chileno escribiera sus líneas: tu sóla presencia me molesta.

No pude evitar reír muy fuerte.

-¿Mi presencia le molesta? ¿Y por qué, qué le hice yo señor que está tan enojado?
-Porque por culpa de ustedes, weones, le sacan una pista a los autos. Gastan 2.000 millones de pesos en hacer esta wea pa que anden tres pelagatos.
-¿2.000 millones de pesos? -dije, incrédulo- ¿no cree que es mucho?
-No pos weón -y agregó, bajando la voz- conchatumadre.

Me despedí gentilmente y no pude evitar pensar que hay tanta gente así de mal en esta ciudad, enojados por cualquier cosa; todos los que arman tacos por querer pasar con luz verde y quedan bloqueando las calles, todos los que se limpian el trasero con la línea de detención de peatones, los que ignoran los “ceda el paso”.

¿Saben por qué las hormigas nunca tienen atochamientos? Porque nunca se adelantan.

No sé. Creo que voy a instalar mi soporte de cámara en la bicicleta y grabar algunos videos en las ciclovías. Sólo para ver que pasa.

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Sobre mí:

Productor audiovisual, Escritor.
Ciclista urbano y fotógrafo aficionado.

    • Festival Chilemonos.

      Del 25 al 29 de Abril se llevará a cabo en Santiago el Festival de Animación Chilemonos, donde se juntará la crema y nata de la animación nacional. Habrá muestras audiovisuales y estrenos, competencia nacional, internacional y de escuelas; exposiciones, talleres, foros, charlas y demases. Las sedes son el centro cultural GAM, el Centro Cultural Palacio de la Moneda, y el Centro Arte Alameda. En la página web del Festival pueden revisar la programación por fechas y sedes,  los invitados internacionales y las actividades en general. Nos vemos allá.

    • Tin Tin en el cine.

      La semana pasada llegó por fin a los cines "Las Aventuras de Tin Tin: El secreto del Unicornio", la primera de tres películas en esta adaptación de Steven Spielberg y Peter Jackson del famoso comic de Hergé. Les he contado en otras ocasiones que soy un gran fanático de esta saga: pues bien, la película no decepciona. Es realmente increíble, tiene acción, humor y aventuras. Si no conocen al personaje, simplemente imaginen que van a ver Indiana Jones y listo. En cualquier cine del país.