Son tiempos aciagos en lo personal y en lo laboral para este servidor. Pero a pesar de todo el espíritu no afloja. Y es que la partida no está finalizada y por malos que sean los tiempos, los derroteros de la fortuna son extraños, incomprensibles a simple vista. Es como intentar adelantar el paisaje con sólo mirar unos cientos de metros adelante.

Me recuerda una anécdota en la vida de Neruda que pudo haber definido toda su historia, por allá en 1925 su amigo, el poeta y escritor Rubén Azócar fue designado profesor de Castellano en Ancud. Neruda había publicado “Veinte poemas de amor” hacía poco y el éxito era más a nivel de comentarios que de dinero. Antes de eso, había pasado una época de hambre y soledad. Los amigos se encuentran entonces en el sur de Chile.

En la biografía de Volodia Teitelboim se cuenta la historia así:

En la manifestación de despedida en el hotel, a la cual concurrió lo más granado del pueblo, unas ciento cincuenta personas, ante el tout-Ancud sucedió algo que revela las fallas que pueden producirse en los mecanismos de comunicación del poeta con los astros. Un peluquero, de apellido Ojeda, que también era el agente de la Lotería de Concepción, insistía majaderamente en que Ruben Azócar le comprara el último boleto disponible. Pablo, conociendo el carácter demasiado asequible de su amigo, lo presionaba con gestos para que no hiciera ese gasto inútil. Después de varias ofertas, el vendedor de la Lotería volvió a la carga por última vez. Cuando Rubén se disponía a llevar la mano al bolsillo para sacar el dinero, Pablo lo convenció de que no derrochara la plata. Entonces dos de los contertulios que asistían a la despedida lo compraron a medias.

Al día siguiente, a las ocho de la mañana, Pablo se embarcó en un barquito, el “Caupolicán”, que lo llevó hasta tierra firme. A mediodía a Rubén le llegó un telegrama desde Puerto Montt firmado por Neruda. Allí le comunicaba que el último boleto vendido al filo de la medianoche por Ojeda había obtenido el premio gordo de la lotería, una fortuna que, bien administrada, hubiera solucionado los problemas económicos del favorecido por toda la vida. La información estaba acompañada por el más virulento autoinsulto que el honorable Telégrafo podía reproducir.

Durante cuarenta años la conversación entre ambos amigos solía volver intermitentmente hacia la fabulación del cambio que hubiera introducido en sus vidas la adquisición del boleto que Rubén quería comprar y Neruda le hizo desistir. Daban rienda suelta a todas las hipótesis. Fantaseaban historias y más historias conjeturables. Las preguntas eran: ¿Nuestras vidas hubieran sido distintas? ¿Habríamos dejado de ser lo que somos? ¿Nos hubiéramos convertido en millonarios? ¿Cómo te verías de burgués satisfecho? ¿Hubiéramos echado a patadas de nuestra casa a la poesía? Seguían las cavilaciones fantásticas a cuenta del boleto que no se compró. Como ambos eran optimistas, se manifestaban prontos al consuelo y a la autojustificación. No. Haber ganado el premio habría sido repugnante y fatal. Como renunciar a sí mismos. A su sentido de la vida, de la poesía, de la revolución, del amor.

Y además se resignaban porque conocieron, más allá de la suposición, la historia real de las dos personas que compraron aquella noche el boleto, en la despedia de Neruda en el hotel Nilsson de Ancud. Uno se suicidó poco después y el otro fue a dar con sus huesos en el calabozo por deudas contraídas a raíz de inversiones ruinosas, en las cuales -imaginaban los amigos- no se hubiera embarcado sin aquel nefasto premio gordo.

Así que ya saben. A veces hay que confiar en los instintos, ser fiel a uno mismo, mantenerse honesto y esperar el verdadero premio gordo, que por mucho que el mundo te lo quiera hacer creer, no siempre es el dinero.

Ante todo, mis disculpas por no haber escrito en un buen rato. Tengo varias excusas, entre la pega, el podcast y la mudanza desde la casa de mis viejos a mi departamento con mi novia, no he tenido el tiempo para sentarme a tipear opiniones sobre las cosas, que es el tema principal de este blog. El otro día recordé que existía Windows Live Writer y lo instalé, es bastante cómodo y permite escribir offline, como por ejemplo ahora, desde mi escritorio, y publicar desde mi trabajo o cuando alguno de mis vecinos de los que me cuelgo que tan amablemente me convidan internet no están bajando demasiado.

Espero poder entonces retomar un poco el ritmo y no subir solamente programas de radio o fotos, sino más textos. El siguiente es un resumen de una interesante pelea-conversación que tuvimos con un grupo de amigos sobre el premio Nacional de Literatura y claro, Isabel Allende.

Isabel Allende

Ya se acerca la eterna discusión de todos los años, el famoso Premio Nacional de Literatura y su entrega –o no- a la escritora nacional Isabel Allende. Me parece que el principal error es tener que entregar todos los años un premio, los premios deberían entregarse cuando haya obras o personas que los merecen, pero este afán de hacerlo todos los años obliga a estar calentándose la cabeza por buscar candidatos, ya que sería poco educado declarar año tras año como desiertos estos premios.

Todo esto parte del mismo negocio en que el arte se ha convertido, esta obligación por saturar el mercado y estar constantemente lanzando cosas obliga a que no tengamos demasiada opción, en mi caso me pasa con la música, no me gusta nada de lo que suena pero siempre hay algo que es “lo mejor”, y claro, “lo mejor del momento” no significa necesariamente que sea bueno.

Isabel Allende es postulada todos los años al Premio Nacional de Literatura y jamás lo ha ganado, según ella por el machismo reinante en este país. Prueba de su argumento es que este mismo premio lo han ganado sólo tres mujeres en la historia. Gabriela Mistral incluso lo ganó después de su premio Nobel.

Es el clásico argumento feminista que no funciona de entrada, ¿recuerdan cuando Bachelet propuso la paridad de cargos, es decir que hubiera igual número de mujeres y hombres en cargos importantes? No confundir con igualdad de salarios para hombres y mujeres en el mismo cargo, que es una obviedad. La paridad de cargos es la tipica idea bien intencionada que puede traer distorsiones como que, habiendo alguien mejor calificado para el cargo, haya que dejarlo fuera porque le corresponde a una mujer.

El mismo argumento de Isabel Allende, redactado de otro modo, es que “me toca el premio a mí porque hace tiempo que no se le entrega a una mujer”. No tiene sentido, ¿acaso el premio Nacional debiera ser un año para un hombre y al año siguiente para una mujer?

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Después me di cuenta de que había alguien más en la librería. Estaba de
pie cerca del fondo. Pensé que le conocía de foto. Céline. oeCéline?
Me acerqué a él despacio. Me puse realmente cerca. Tan cerca que podía
ver lo que estaba leyendo. Thomas Mann. La montaña mágica.
Me vio.
–Este tipo tiene un problema –me dijo señalando el libro.
–oeCuál? –le pregunté.
–Considera que el aburrimiento es un arte.
Devolvió el libro a su estante y se quedó allí sin hacer nada, con aire de
Céline.
Le miré.
–Esto es increíble –dije.
–oeEl qué? –me preguntó.
–Yo pensaba que usted estaba muerto –dije yo.
Me miró.
–Yo pensaba que usted también estaba muerto –dijo él.

Entonces nos quedamos allí simplemente mirándonos el uno al otro.

En la foto ambos escritores: adivinen cuál es cuál.

Mann_Bk

Uno de mis escritores favoritos es Thomas Mann, pero claro, no se puede esperar que a todo el mundo le guste lo mismo. Hace unas semanas leía Pulp de Charles Bukowski, y me reí mucho cuando el detective Nick Belane entró a una tienda de libros siguiendo a alguien muy parecido a Céline, y se produjo el siguiente diálogo:

Después me di cuenta de que había alguien más en la librería. Estaba de pie cerca del fondo. Pensé que le conocía de foto. Céline. ¿Céline?

Me acerqué a él despacio. Me puse realmente cerca. Tan cerca que podía ver lo que estaba leyendo. Thomas Mann. La montaña mágica.

Me vio.

Devolvió el libro a su estante y se quedó allí sin hacer nada, con aire de Céline.

–Este tipo tiene un problema –me dijo señalando el libro.

–¿Cuál? –le pregunté.

–Considera que el aburrimiento es un arte.

Jajaja.

Golpe bajo, y el round es de Bukowski.

Habrá otras noches para pelear.

A veces es mejor no andar declamando promesas por ahí. Esta nota salió en El Mercurio, en la sección Hace 30 años:

Promesas rotas

VUELVE A ESCRIBIR. El escritor colombiano Gabriel García Márquez regresará pronto a escribir una nueva novela, pese a la promesa que había hecho de no publicar un libro hasta que Pinochet fuera derrocado: “Tengo que admitir que pensé que iba a caer muy pronto”, señaló.

Considerando que ganó el Nobel en 1982, quizás hizo bien. O quizás le picaban los dedos, quién sabe.

Kawabata_Yasunari

Con la derrota por 3 goles a 0 ante Brasil, se acabó el mundial de fútbol de Sudáfrica 2010 para Chile.

Algo que me pareció curioso estos días, es la forma en que uno guarda recuerdos sobre las diferentes copas del mundo. Da para pensar. ¿En qué estaré en cuatro años más? ¿Qué habré hecho de mi vida? Es más o menos lo mismo que hacemos con los cumpleaños, pero a veces 365 es un tiempo muy breve para autoexaminarse, los mundiales de fútbol por otro lado mueven a mucha gente más y es prácticamente imposible escapar de la onda cabeza-de-pelota.

En mi caso personal, no entiendo por por qué recuerdo tanto Italia ’90 y Francia ’98, un poco de Corea-Japón y practicamente nada de Alemania 2006. Hace unos días pregunté a gente mucho más futbolera que yo en qué país había sido el último mundial de fútbol y demoraron un buen rato en dar una respuesta.

Es el tiempo, esta fabulosa incógnita. En palabras de Kawabata:

El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos; pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo.

Yasunari Kawabata, en Lo bello y lo triste, editorial Emecé, 2006.

Reinterpretaciones

A propósito de reinterpretaciones: se murió José Saramago. Que pena.

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Sobre mí:

Productor audiovisual, Escritor.
Ciclista urbano y fotógrafo aficionado.

    • Tin Tin en el cine.

      La semana pasada llegó por fin a los cines "Las Aventuras de Tin Tin: El secreto del Unicornio", la primera de tres películas en esta adaptación de Steven Spielberg y Peter Jackson del famoso comic de Hergé. Les he contado en otras ocasiones que soy un gran fanático de esta saga: pues bien, la película no decepciona. Es realmente increíble, tiene acción, humor y aventuras. Si no conocen al personaje, simplemente imaginen que van a ver Indiana Jones y listo. En cualquier cine del país.

    • Festival CineB 4.

      Del 4 al 13 de Noviembre se realizará la 4ta versión del Festival de Cine B. La idea es llevar a la pantalla un grupo de películas y cortometrajes independientes, de bajo presupuesto, de estudiantes o que simplemente no pueden exhibirse en otras salas. Son 700 películas, más de 40 en competencia, 18 salas en Santiago y 8 sedes en regiones. Puedes revisar la página oficial para más información sobre la programación, lugares y precios.