No hay nada más alzado, más engreído y más sordo que un chileno presumido.
Gabriela Mistral, 1953, -refiriéndose a Alone- en Niña Errante: Cartas a Doris Dana, editorial Lumen.
No hay nada más alzado, más engreído y más sordo que un chileno presumido.
Gabriela Mistral, 1953, -refiriéndose a Alone- en Niña Errante: Cartas a Doris Dana, editorial Lumen.
1. La versión Fanny Lu.
La canción se llama “Celos” y es original del Guatón Romo de Daniela Romo, y dice así:
Celos de tus ojos cundo miras otra chica,
tengo celos, celos.
Celos de tus manos cuando abrazas otra chica,
tengo celos, celos.Cuando te encuentras con alguien,
cuando caminas con alguien,
cuando te siento feliz,
yo tengo celos, tengo celos.Hoy, quiero bailar solo contigo,
hoy quiero soñar que tu eres mio,
hoy te dare todo mi amor en un abrazo,
y tu prometeras que nunca, me haras sentir,
nunca mas, nunca mas, nunca mas, nunca, celos
celos.
2.- La versión Graham Greene.
Ralph Fiennes es Maurice Bendrix y Julianne Moore es Sarah Miles en la versión de 1999 de Neil Jordan. En la versión de 1955 la dupla la forman Van Johnson y Deborah Kerr, dirigidos por Edward Dmytryk. En cualquier caso él es un escritor celoso y ella una esposa infiel que viven un tormentoso romance durante el Blitz alemán sobre Londres, por allá por 1940-1941. El siguiente es un extracto del libro.
Sarah y yo solíamos tener largas discusiones sobre los celos. Yo me sentía celoso hasta del pasado, al que ella se refería francamente a medida que iba saliendo a la superficie: aventuras sin significado (salvo quizá la del deseo inconsciente de obtener aquel espasmo final que Henry desgraciadamente no había conseguido proporcionarle). Sarah era tan leal con sus amantes como lo era con Henry, pero lo que debería haberme servido de consuelo (pues indudablemente también sería leal conmigo) no hacía sino irritarme. En un tiempo solía reírse de mi irritación, negándose simplemente a creer en su propia belleza, y me irritaba también que no tuviera celos de mi pasado, ni de mi futuro posible. Yo no admitía que el amor pudiera adoptar otra forma que el mío: medía el amor por la magnitud de mis celos, y desde luego, con arreglo a esta norma, resultaba que no me quería lo más mínimo.Las discusiones seguían siempre el mismo patrón y, si me refiero a una ocasión en particular, es porque esta vez terminó en acción, una acción estúpida que no condujo a nada, como no fuera a esta duda que me asalta siempre que me pongo a escribir, la sensación de que quizá era ella y no yo quien tenía razón.Recuerdo que esta vez le dije acerbamente:—Esta es la consecuencia de tu anterior frigidez. Las mujeres frígidas nunca son celosas; simplemente porque no logran compartir la emoción ajena.Me irritó que no intentara defenderse.—Es posible que tengas razón —asintió—. Yo lo único que deseo es que seas feliz. No quiero verte descontento. Admito, pues, todo lo que pueda hacerte feliz.—Lo que deseas es un pretexto. Si me acuesto con otra mujer, es una razón para que tú, por tu parte, te acuestes con quien te parezca, ¿no es así?—No hay tal cosa. Lo que deseo es verte feliz, eso es todo.—¿Incluso me ayudarías, si viniera al caso?—Quizá.La inseguridad es lo peor que puede sentir un amante. A veces, hasta el matrimonio más rutinario y sin deseo es preferible. La inseguridad tuerce el sentido de todo y envenena la confianza. En una ciudad acosada cada centinela es un traidor en potencia. Ya en los tiempos anteriores a Mr. Parkis me había esforzado en desenmascararla y más de una vez la pillé en pequeños embustes y en evasivas que en realidad no significaban sino el temor que me tenía.Yo agrandaba las mentiras e infidelidades, y aun en las palabras más evidentes me empeñaba en leer un sentido oculto. Pues la simple idea de que otro hombre pudiese tocarla me era ya insoportable. Lo temía de continuo y el movimiento más casual de sus manos cuando hablaba con otros hombres me parecía intencionado y revelador de una secreta intimidad.—¿Y tú, no preferirías también verme feliz que desgraciada? —me preguntó, con una lógica intolerable.—Preferiría estar muerto o verte muerta —afirmé— antes que con otro hombre. Yo soy un ser normal y quiero como los seres humanos. Pregunta a cualquiera. Todos te dirán lo mismo… si realmente están enamorados. Todos los enamorados son celosos.
El siguiente texto es de la novela Factotum (1975), donde el alter ego de Bukowski, Henry Chinaski, deambula entre diversos oficios, chicas, y muchas borracheras. La imagen del taller de bicicletas entre resacas del capítulo 36 es deliciosa, así que me hice un tiempo y la transcribí para ustedes. De más está decir que con Bukowski pasa lo mismo que con Kerouac, quizás no tienen un valor literario demasiado grande, pero creo que nadie debería llegar a los 30 sin haber leído sus novelas. Vamos entonces:
36
Filas y filas de silenciosas bicicletas. Estanterías repletas de repuestos de bicicletas. Filas y filas de bicicletas colgando del techo: bicicletas verdes, bicicletas rojas, bicicletas amarillas, bicicletas púrpura, bicicletas azules, bicicletas para niñas, bicicletas para niños, todas colgando allí arriba; los radios relucientes, las ruedas, los neumáticos de goma, la pintura, los sillines de cuero, luces traseras, luces delanteras, los frenos de mano; cientos de bicicletas, fila tras fila.
Teníamos una hora libre para almorzar. Yo comía rápidamente. Como me pasaba levantado casi toda la noche y me despertaba muy temprano, estaba siempre cansado, con todo el cuerpo dolorido. Había logrado encontrar un rincón retirado bajo las bicicletas. Me arrastraba hasta allí, bajo las nutridas hileras de bicicletas inmaculadamente ordenadas. Me tumbaba allí de espaldas, y suspendidas sobre mí, alineadas con precisión, colgaban filas de relucientes radios de plata, llantas, cubiertas de caucho negro, brillante pintura nueva, pedales. Todo en perfecto orden. Era inmenso, correcto, ordenado… 500 o 600 bicicletas en formación encima mío, cubriéndome, por todas partes. De algún modo aquello estaba lleno de significado. Sólo tenía que mirarlas para saber que únicamente tenía cuarenta y cinco minutos de reposo bajo aquella selva cíclica. » Leer el resto de esta entrada..

A pesar de que he leído muchos libros de Asimov, siempre lo he hecho en desorden, sin seguir alguna guía particular. Tuve la suerte de leer algunas novelas de Robots en orden, pero ahora que empecé a leer por fin la saga de Fundación, me pareció que hacía falta una especie de guía para seguir la serie. Luego, leyendo “Preludio a Fundación”, me encontré con que el propio Asimov había sentido la misma necesidad y había escrito una pequeña guía para sus lectores. Pero claro, estaba en el mismo libro… así que decidí pasarla acá. Claro que había un problema… faltaba un libro, pues “Hacia la Fundación*”, no se había escrito aún. Por ende, lo agregué a la lista, en el número 10. Lo que sigue entonces es el orden correcto para leer las novelas de Robots, Imperio y Fundación de Sir Isaac Asimov.
Por Isaac Asimov.
Cuando escribí Fundación, que apareció en el número de Mayo de Astounding Science Fiction, en 1942, no tenía la menor idea de que había iniciado una serie de relatos que, en principio, formarían seis volúmenes y un total de 650.000 palabras (hasta ahora). Ni tampoco tenía la menor idea de que serían unificados con mi serie de cuentos cortos y novelas relacionados con robots y con mis novelas sobre el Imperio Galáctico, formando una obra de catorce volúmenes con un total de 1.450.000 palabras.
Si se fijan en la fecha de publicación de estos libros, verán que hubo un salto de veinticinco años, entre 1957 y 1982, durante el cual no añadí nada nuevo a la serie. Y no fue porque dejara de trabajar en ella. Lo cierto es que escribí a toda velocidad durante ese cuarto de siglo, pero sobre otros temas. Que yo continuase con la serie, en 1982, no fue idea mía, sino el resultado de una combinación de presiones de lectores y editores que, con el tiempo, se volvió arrolladora.
En cualquier caso, la situación se me ha complicado bastante, al extremo de sentir que los lectores quizás recibieran con agrado una especie de guía a la serie, puesto que no fue escrita en el orden que, tal vez, debió ser leída.
Los catorce libros ofrecen una especie de historia del futuro que, tal vez, no resulte lo bastante consistente ya que, en principio, no lo había planeado así. El orden cronológico de los libros en términos de historia del futuro (y no en fecha de publicación), es como sigue:
Ayer falleció Norman Mailer, el periodista/escritor norteamericano, niño terrible de las letras. Recuerdo que empecé a leerlo cuando estudiaba letras, cuando nadie en esa facultad te lo mencionaba como alguien importante. Empecé con “Los ejércitos de la Noche”, después vino “El parque de los ciervos”, (un tiempo yo firmaba como Marion Faye en algunos foros de Internet), El evangelio según el Hijo, Los tipos duros no bailan y mi favorita de todas ellas, “La canción del verdugo”. Una novela con la que me volví loco. Fue tal la importancia, que era un libro prestado que simplemente no devolví (sorry Mitch) pero hay cosas más poderosas que la moral o los buenos modales. Supongo que Mailer lo sabía. Y apoyaría mi decisión. Incluso sabiendo que aquel libro era un premio por un concurso, creo, de cuentos del Metro. Maldita sea. Cada vez que lo recuerdo me siento mal. “La canción del verdugo” ganó el premio Pulitzer en 1980 y es la historia de Gary Gilmore, un asesino múltiple que saltó a la fama tanto por la brutalidad de sus crímenes como por su largo y angustiante proceso penal, en el que Gilmore se negó a apelar, poniendo en problemas el sistema judicial americano. Mailer sostuvo cientos de entrevistas con diferentes personas y reconstruyó los acontecimientos de un modo magistral, en una novela que simplemente no puedes soltar y que recomiendo totalmente, ya sea que tengan que robarla para conseguirla.
Ayer fui a ver “Infame”, esa pésima película sobre Truman Capote, y a la salida me enteré de que había muerto Mailer. Las comparaciones entre “La canción del Verdugo” y “A Sangre Fría” surgen de inmediato, ambas novelas demuestran que cuando el periodismo es ejercido con talento, surgen obras maestras. Tanto Mailer con Capote se obsesionaron con casos criminales reales e hicieron lo que todo periodista barato no habría hecho nunca: involucrarse. Por no atreverse, por no ver la oportunidad, por carecer de talento, o simplemente, por falta de interés. Ahí donde la prensa vio un caso de sangre más, del que hubo que pasar al día siguiente, ellos vieron, cada uno en un estilo particular, la marginalidad al descubierto, una realidad que no puedes dejar pasar, que te atrapa, te envuelve. Casos miserables, asesinatos sin razón. “La canción del verdugo” comienza siendo un hecho singular para convertirse en la realidad de todo un país. En fin, se murió Mailer, otro de los grandes. Nada que hacer, se vendrán sus películas ahora y convertirán a su enojada figura en un héroe de acción.
Van a hacerlo pedazos. Una dulce ironía.
Esto lo publiqué hace un tiempo en el foro de TábanoTv, pero me gusta tanto releerlo que voy a colocarlo acá. Es la brillante y certera descripción del escritor norteamericano Jack Kerouac, sobre un delirium tremens. Si no están familiarizados con ninguno de esos términos, mejor no sigan leyendo. En cambio vayan a alguna librería y compren “On the road” (En el camino) y tracen el suyo propio.
Originalmente publicado en “Big Sur”, de Jack Kerouac, 1962.
Toda esa noche cantamos a los gritos canciones junto al farol, y está muy bien, pero a la mañana ya no queda nada en la botella y me despierto otra vez con los “horrores terminales”, exactamente como me desperté en la habitación de ese callejón en Frisco antes de escaparme hacia aquí, estoy atrapado de nuevo, puedo escucharme llorando ¿Por qué me tortura Dios? – Pero quien no haya tenido delirium tremens aunque sea en su primer estadio no podrá entender que no se trata tanto de un dolor físico como sino de una angustia mental indescriptible para esa gente ignorante que no bebe y acusa de irresponsabilidad a los bebedores. » Leer el resto de esta entrada..
Del 25 al 29 de Abril se llevará a cabo en Santiago el Festival de Animación Chilemonos, donde se juntará la crema y nata de la animación nacional. Habrá muestras audiovisuales y estrenos, competencia nacional, internacional y de escuelas; exposiciones, talleres, foros, charlas y demases. Las sedes son el centro cultural GAM, el Centro Cultural Palacio de la Moneda, y el Centro Arte Alameda. En la página web del Festival pueden revisar la programación por fechas y sedes, los invitados internacionales y las actividades en general. Nos vemos allá.
La semana pasada llegó por fin a los cines "Las Aventuras de Tin Tin: El secreto del Unicornio", la primera de tres películas en esta adaptación de Steven Spielberg y Peter Jackson del famoso comic de Hergé. Les he contado en otras ocasiones que soy un gran fanático de esta saga: pues bien, la película no decepciona. Es realmente increíble, tiene acción, humor y aventuras. Si no conocen al personaje, simplemente imaginen que van a ver Indiana Jones y listo. En cualquier cine del país.
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