Ya eran las 10:30 cuando el presentador del Aula Magna dijo, una vez que que hubo subido al escenario el director de arte de El Pejesapo, Claudio Miranda, una frase memorable para pedir aplausos: “¡Vamos, que somos pocos pero buenos!”. Y aunque pasó casi desapercibida, tenía mucho sentido: al mismo tiempo se proyectaba en el Teatro Cervantes “La Vida me Mata”, de Sebastián Silva, que prometía llenar la sala. Entonces Miranda dijo que lo que ellos pretendían era hacer algo nuevo y diferente a todo lo que se estaba haciendo. Y tenía razón. El Pejesapo ha sido hasta el momento una de las grandes sorpresas de este festival, en una mezcla de ficción con documental, pero sin dejar nada claro al espectador, esta cinta logra hacer que uno se cuestione ante lo que aparece en pantalla: ¿realidad, ficción? ¿Estoy viendo a gente actuando, realmente?

Esta cinta es primero que nada, chocante. No recomendada para cardíacos ni gente muy escrupulosa, es un reflejo de muchas cosas reales pero a la vez un viaje que se torna onírico en torno a un personaje, Daniel SS, quien tras un frustrado intento de suicidio llega al campo y posteriormente a Santiago. A diferencia de muchas otras películas, la cámara aquí es totalmente invisible, y como no suele serlo en el cine Chileno, las actuaciones magistrales. Porque -Isabel y yo discutíamos este punto- “El pejesapo” es ficción. Si, mezclada con documental, pero la base es ficción. Y es una gran-gran película. » Leer el resto de esta entrada..

Otra película de competencia, esta vez Argentina. He escuchado un comentario de cineastas argentinos que dicen estar cansados de que en su cine jamás pase nada, que sea tan contemplativo que llege a hastiar, y por un momento pensé que iba a pasar algo así con esta cinta, que es nada más y nada menos que la historia de un árbol que ha acompañado a una familia por generaciones en el barrio de Banfield, en Buenos Aires. Curioso que mientras iba pasando esta cinta pensé que estas películas, si no quieren cansar, deberían durar menos, y no alargarse innecesariamente para cumplir con estándares. Y justo pasó eso, “El Árbol” dura poco más de una hora, y gracias a eso y a que su fotografía está muy bien trabajada, no se convierte en una experiencia soporífera, de hecho hay cierta sensibilidad que se logra asomar en la historia de los ancianos y su relación con el Árbol. Otra vez, igual que Yumarta, no es una gran película, pero nada mal tampoco. Sin embargo la noche guardaba una sorpresa, una película que terminó siendo de mis favoritas este año.

Yumurta fue la primera película que vimos este día de Festival, tras el desastre nuevamente del centro de prensa, que por segundo dejó de tener internet, lo que nos hizo escapar -otra vez- a un ciber café y después al cine. Esta película está en competencia oficial, es de Turquía-Grecia, del director Semih Kaplanoglu y a pesar de las horrendas condiciones en que tuvimos que verla -un chirrido atroz, un audio que se arregló la última media hora- que incluso provocaron que el jurado se marchara de la sala, igual dentro de todo es una buena película. Lo que pasa es que uno viene a ver cosas en buena calidad, especialmente en competencia, por eso complica no poder apreciarlas en su totalidad debido a las malas condiciones de exhibición. “Yumurta” es la tranquila historia de un Yusuf, un hombre que tras la muerte de su madre debe volver a la villa donde vivió su infancia, ahí se produce un choque con su vida actual y los ritos que debe realizar en la comunidad. Además conoce a una bella chica -infaltable- con la que emprende el viaje para matar a un cordero en honor de su madre. Es una película tranquila… pero tampoco espectacular, sin embargo se disfruta bastante bien.

Lo más triste que he visto este festival, sin lugar a dudas, por muchas razones. Me habían advertido que “Diario de Vida” podía llegar a ser un chiste, ya que es un periodista de espectáculos -Leopoldo Muñoz- que graba su vida con una miniDV. Muñoz está casado con Julia Vial -según me dijeron, la única razón para que este documental esté en competencia oficial de documentales- y su Diario de vida podría haber funcionado si es que no estuviera obviamente mutilado todo lo importante, interesante, o que pudiera haber afectado a alguien. Porque claro, la idea no es dejar mal a nadie, y ahí se cae profundamente el documental, porque en vez de jugarse las pelotas, que es lo que un cineasta de verdad hace, y quizás lo que diferencia a un cineasta de un periodista que hace cine, Muñoz se deleita mostrando cumpleaños, años nuevos, y cualquier fiesta que no presente conflicto. Por eso aparecen los padres y abuelos de él, y no los de Julia Vial, gente que en dos segundos te queda claro que tiene mucho dinero y cero ganas de salir en pantalla. Entonces Leopoldo, “Polo” para los amigos, nos muestra su trabajo, sus amigos, pero sin jamás atreverse a nada. Hay cocaína pero no es jalada, hay gente hablando mal de otros pero no él, hay mucha gente diciéndole “deja de grabar” y por dios que Leopoldo debería tomar en serio estos consejos y hacer otras cosas, como criticar, que es a lo que se dedica.

En lo personal siempre he pensado que existen dos tipos de personas, los que hacen y los que critican a los que hacen. “Diario de vida” es un frustrado experimento por mostrar intimidad, por jugarse la vieja teoría de que todos somos el héroe de nuestras propias vidas, pero, honestamente, ¿valemos la pena para ponernos en pantalla de ese modo? Quizás si, pero si se toma esa decisión hay que dejar el alma en el camino, perder todas las amistades y hacer mierda todo un sistema.

Así vale la pena.

La primera vez que asistí a Valdivia fue en el 2004, luego 2005, y en ambas ocasiones sentí más ambiente de festival que en este año. Se veían grupos de estudiantes, había más películas, como que la ciudad se veía más afectada. Si, estoy un poco lateado, debo decir, no hay muchas películas, hay ventanas de tiempo en que nada llama la atención, y las dos últimas películas que he visto han sido un desastre, por diferentes condiciones. La de ayer en la noche, Ficción, (Cesc Gay, España) era una muy buena película, pero para ver una película en catalán con subtítulos en inglés que cada 10 minutos tiene una franja que anuncia “Prohibido su uso comercial”, para eso me la bajo y la veo en la casa. Y les garantizo que no tendría el horrendo desfase de audio que presentó la cinta de ayer en la noche. O sea, en la primera escena hubo un portazo que sonó dos segundos después y sacó risas en la sala. Y la categoría no es algo así como “derroquemos la piratería” sino la Competencia Oficial. En fin. Una buena película bajo condiciones deplorables, lamentables, tristes. Ficción es la historia de un cineasta bajo una crisis personal y profesional que decide refugiarse en un pueblo de los Apeninos junto a un par de amigos. Ahí conoce a Mónica, una violinista, y surge una amistad entre ellos. Entre el hermoso y pixeleado paisaje de montaña y el silencio de la misma cinta, uno va entrometiéndose en medio de estas vidas. En medio de esta relación que empieza a nacer, siendo que cada uno mantiene vidas en la ciudad. Pero tal como dice Mónica, casi al final, es bueno de vez en cuando enamorarse un poco. Recomendada si es que pueden verla en buenas condiciones, es una película tranquila, que sin ser excepcional tampoco aburre. Pero una vez más, lamentable por la organización del festival.

“Normal con Alas” causó como todo pre-estreno nacional, una cantidad de carcajadas que no sé de dónde salían, porque la película es graciosa pero por Dios, hay gente que debe haber salido con seudo infartos de tanto gritar anoche en la sala. Anunciada como “Una comedia Pelolais”, (aunque el término no existía a la hora de rodar la película), “Normal con Alas” tiene varias cosas a favor y varias en contra. Le juega a favor el hecho de ser muy graciosa, de tener personajes fácilmente identificables y no solo eso, sino además queribles, y tiene algo que respeto y que me parece increíble: la manera de pasarse por la raja a todo lo que es la iglesia, los colegios católicos, y a la misma marihuana. Pero vamos por partes porque quizás no entienden de qué estoy hablando. “Normal…” es la historia de un par de niñas del “Virgin Mary School”, un colegio del sector alto de la capital, católico, ABC1, donde un par de chicas comienzan a traficar marihuana en las “toallitas higiénicas” (¿hay un mejor término para eso?), con la complicidad de “Jovita” (Teresita Reyes), la auxiliar del baño de mujeres. Contada como un reportaje televisivo, vamos conociendo las diferentes historias que rodean este tráfico. Hay personajes memorables como el profesor de religión gringo, el conserje del colegio, el drogadicto Bautista (Gonzalo Valenzuela) en fin, por ese lado es muy entretenida y totalmente recomendable. Lo malo, que hay que decirlo también, es que es una película horrenda. Filmada con una brocha gorda y una falta de… bueno, presupuesto en primer lugar y en segundo, no sé, como que faltó cariño. Un colegio cuico con 10 alumnas no parece real, sin contar el mal endémico de que las alumnas vayan por los treinta y muchos años, de que a pesar de ser un colegio y unos ambientes “cuicos”, todo sea feo en pantalla, y esto se nota mucho más en el contraste con los créditos y los nombres de entrevistados, muy precisos y cuidados. Un clásico, el “se arregla en post.

Recomendada si les gustan las comedias teenagers con chicas que obviamente no lo son. Un poco de cuidado y podríamos tener nuestro propio American Pie.

avatar

Sobre mí:

Productor audiovisual, Escritor.
Ciclista urbano y fotógrafo aficionado.

    • Tin Tin en el cine.

      La semana pasada llegó por fin a los cines "Las Aventuras de Tin Tin: El secreto del Unicornio", la primera de tres películas en esta adaptación de Steven Spielberg y Peter Jackson del famoso comic de Hergé. Les he contado en otras ocasiones que soy un gran fanático de esta saga: pues bien, la película no decepciona. Es realmente increíble, tiene acción, humor y aventuras. Si no conocen al personaje, simplemente imaginen que van a ver Indiana Jones y listo. En cualquier cine del país.

    • Festival CineB 4.

      Del 4 al 13 de Noviembre se realizará la 4ta versión del Festival de Cine B. La idea es llevar a la pantalla un grupo de películas y cortometrajes independientes, de bajo presupuesto, de estudiantes o que simplemente no pueden exhibirse en otras salas. Son 700 películas, más de 40 en competencia, 18 salas en Santiago y 8 sedes en regiones. Puedes revisar la página oficial para más información sobre la programación, lugares y precios.