1. La versión Fanny Lu.

La canción se llama “Celos” y es original del Guatón Romo de Daniela Romo, y dice así:

Celos de tus ojos cundo miras otra chica,
tengo celos, celos.
Celos de tus manos cuando abrazas otra chica,
tengo celos, celos.

Cuando te encuentras con alguien,
cuando caminas con alguien,
cuando te siento feliz,
yo tengo celos, tengo celos.

Hoy, quiero bailar solo contigo,
hoy quiero soñar que tu eres mio,
hoy te dare todo mi amor en un abrazo,
y tu prometeras que nunca, me haras sentir,
nunca mas, nunca mas, nunca mas, nunca, celos
celos.

2.- La versión Graham Greene.

El fin de la aventura

Ralph Fiennes es Maurice Bendrix y  Julianne Moore es Sarah Miles en la versión de 1999 de Neil Jordan. En la versión de 1955 la dupla la forman Van Johnson y Deborah Kerr, dirigidos por Edward Dmytryk. En cualquier caso él es un escritor celoso y ella una esposa infiel que viven un tormentoso romance durante el Blitz alemán sobre Londres, por allá por 1940-1941. El siguiente es un extracto del libro.

Sarah y yo solíamos tener largas discusiones sobre los celos. Yo me sentía celoso hasta del pasado, al que ella se refería francamente a medida que iba saliendo a la superficie: aventuras sin significado (salvo quizá la del deseo inconsciente de obtener aquel espasmo final que Henry desgraciadamente no había conseguido proporcionarle). Sarah era tan leal con sus amantes como lo era con Henry, pero lo que debería haberme servido de consuelo (pues indudablemente también sería leal conmigo) no hacía sino irritarme. En un tiempo solía reírse de mi irritación, negándose simplemente a creer en su propia belleza, y me irritaba también que no tuviera celos de mi pasado, ni de mi futuro posible. Yo no admitía que el amor pudiera adoptar otra forma que el mío: medía el amor por la magnitud de mis celos, y desde luego, con arreglo a esta norma, resultaba que no me quería lo más mínimo.

Las discusiones seguían siempre el mismo patrón y, si me refiero a una ocasión en particular, es porque esta vez terminó en acción, una acción estúpida que no condujo a nada, como no fuera a esta duda que me asalta siempre que me pongo a escribir, la sensación de que quizá era ella y no yo quien tenía razón.

Recuerdo que esta vez le dije acerbamente:

—Esta es la consecuencia de tu anterior frigidez. Las mujeres frígidas nunca son celosas; simplemente porque no logran compartir la emoción ajena.

Me irritó que no intentara defenderse.

—Es posible que tengas razón —asintió—. Yo lo único que deseo es que seas feliz. No quiero verte descontento. Admito, pues, todo lo que pueda hacerte feliz.
—Lo que deseas es un pretexto. Si me acuesto con otra mujer, es una razón para que tú, por tu parte, te acuestes con quien te parezca, ¿no es así?
—No hay tal cosa. Lo que deseo es verte feliz, eso es todo.
—¿Incluso me ayudarías, si viniera al caso?
—Quizá.

La inseguridad es lo peor que puede sentir un amante. A veces, hasta el matrimonio más rutinario y sin deseo es preferible. La inseguridad tuerce el sentido de todo y envenena la confianza. En una ciudad acosada cada centinela es un traidor en potencia. Ya en los tiempos anteriores a Mr. Parkis me había esforzado en desenmascararla y más de una vez la pillé en pequeños embustes y en evasivas que en realidad no significaban sino el temor que me tenía.

Yo agrandaba las mentiras e infidelidades, y aun en las palabras más evidentes me empeñaba en leer un sentido oculto. Pues la simple idea de que otro hombre pudiese tocarla me era ya insoportable. Lo temía de continuo y el movimiento más casual de sus manos cuando,hablaba con otros hombres me parecía intencionado y revelador de una secreta intimidad.

—¿Y tú, no preferirías también verme feliz que desgraciada? —me preguntó, con una lógica intolerable.

—Preferiría estar muerto o verte muerta —afirmé— antes que con otro hombre. Yo soy un ser normal y quiero como los seres humanos. Pregunta a cualquiera. Todos te dirán lo mismo… si realmente están enamorados. Todos los enamorados son celosos.
Sarah y yo solíamos tener largas discusiones sobre los celos. Yo me sentía celoso hasta del pasado, al que ella se refería francamente a medida que iba saliendo a la superficie: aventuras sin significación (salvo quizá la del deseo inconsciente de obtener aquel espasmo final que Henry desgraciadamente no había conseguido proporcionarle). Sarah era tan leal con sus amantes como lo era con Henry, pero lo que debería haberme servido de consuelo (pues indudablemente también sería leal conmigo) no hacía sino irritarme. En un tiempo solía reírse de mi irritación, negándose simplemente a creer en su propia belleza, y me irritaba también que no tuviera celos de mi pasado, ni de mi futuro posible. Yo no admitía que el amor pudiera adoptar otra forma que el mío: medía el amor por la magnitud de mis celos, y desde luego, con arreglo a esta norma, resultaba que no me quería lo más mínimo.
Las discusiones seguían siempre el mismo patrón y, si me refiero a una ocasión en particular, es porque esta vez terminó en acción, una acción estúpida que no condujo a nada, como no fuera a esta duda que me asalta siempre que me pongo a escribir, la sensación de que quizá era ella y no yo quien tenía razón.
Recuerdo que esta vez le dije acerbamente:
—Esta es la consecuencia de tu anterior frigidez. Las mujeres frígidas nunca son celosas; simplemente porque no logran compartir la emoción ajena.
Me irritó que no intentara defenderse.
—Es posible que tengas razón —asintió—. Yo lo único que deseo es que seas feliz. No quiero verte descontento. Admito, pues, todo lo que pueda hacerte feliz.
—Lo que deseas es un pretexto. Si me acuesto con otra mujer, razón para que tú, por tu parte, te acuestes con quien te parezca, ¿no es así?
—No hay tal cosa. Lo que deseo es verte feliz, eso es todo.
—¿Incluso me ayudarías, si viniera al caso?
—Quizá.
La inseguridad es lo peor que puede sentir un amante. A veces, hasta el matrimonio más rutinario y sin deseo es preferible. La inseguridad tuerce el sentido de todo y envenena la confianza. En una ciudad acosada cada centinela es un traidor en potencia. Ya en los tiempos anteriores a Mr. Parkis me había esforzado en desenmascararla y más de una vez la pillé en pequeños embustes y en evasivas que en realidad no significaban sino el temor que me tenía.
Yo agrandaba las mentiras e infidelidades, y aun en las palabras más evidentes me empeñaba en leer un sentido oculto. Pues la simple idea de que otro hombre pudiese tocarla me era ya insoportable. Lo temía de continuo y el movimiento más casual de sus manos cuando,hablaba con otros hombres me parecía intencionado y revelador de una secreta intimidad.
—¿Y tú, no preferirías también verme feliz que desgraciada? —me preguntó, con una lógica intolerable.
—Preferiría estar muerto o verte muerta —afirmé— antes que con otro hombre. Yo soy un ser normal y quiero como los seres humanos. Pregunta a cualquiera. Todos te dirán lo mismo… si realmente están enamorados. Todos los enamorados son celosos.

Charles Bukowski

El siguiente texto es de la novela Factotum (1975), donde el alter ego de Bukowski, Henry Chinaski, deambula entre diversos oficios, chicas, y muchas borracheras. La imagen del taller de bicicletas entre resacas del capítulo 36 es deliciosa, así que me hice un tiempo y la transcribí para ustedes. De más está decir que con Bukowski pasa lo mismo que con Kerouac, quizás no tienen un valor literario demasiado grande, pero creo que nadie debería llegar a los 30 sin haber leído sus novelas. Vamos entonces:

36

Filas y filas de silenciosas bicicletas. Estanterías repletas de repuestos de bicicletas. Filas y filas de bicicletas colgando del techo: bicicletas verdes, bicicletas rojas, bicicletas amarillas, bicicletas púrpura, bicicletas azules, bicicletas para niñas, bicicletas para niños, todas colgando allí arriba; los radios relucientes, las ruedas, los neumáticos de goma, la pintura, los sillines de cuero, luces traseras, luces delanteras, los frenos de mano; cientos de bicicletas, fila tras fila.

Teníamos una hora libre para almorzar. Yo comía rápidamente. Como me pasaba levantado casi toda la noche y me despertaba muy temprano, estaba siempre cansado, con todo el cuerpo dolorido. Había logrado encontrar un rincón retirado bajo las bicicletas. Me arrastraba hasta allí, bajo las nutridas hileras de bicicletas inmaculadamente ordenadas. Me tumbaba allí de espaldas, y suspendidas sobre mí, alineadas con precisión, colgaban filas de relucientes radios de plata, llantas, cubiertas de caucho negro, brillante pintura nueva, pedales. Todo en perfecto orden. Era inmenso, correcto, ordenado… 500 o 600 bicicletas en formación encima mío, cubriéndome, por todas partes. De algún modo aquello estaba lleno de significado. Sólo tenía que mirarlas para saber que únicamente tenía cuarenta y cinco minutos de reposo bajo aquella selva cíclica. » Leer el resto de esta entrada..

Bibliometro

No soy muy de “guardar cosas”. Hace un tiempo bajaba series y las guardaba, llegué a tener todo X-Files, un respaldo de las temporadas de 24… cosas así, y un día, haciendo orden, boté todo a la basura. Compré un dvd que reproducía todo vía USB (con subtítulos incluídos) y dejé de quemar discos. Para siempre. Tengo amigos con colecciones increíbles de películas, tanto originales o copiadas. Las copiadas se acumulan guardando espacio en esos contenedores de cien o doscientos discos. Las originales usualmente las usan para adornar paredes, tienen en algunos casos el mismo efecto que esos preciosos libros Taschen, la gente los compra para adornar y no para leerlos. Las películas se ven una vez y luego se guardan para siempre.

Con los libros me pasa algo parecido, me encanta leer y durante mucho tiempo coleccionaba libros, hoy no entiendo muy bien por qué lo hacía, no quiero tener cosas, quiero leer cosas. Así mismo tengo discos originales que sólo guardan polvo. No sé. Creo que la gente se preocupa demasiado a veces de… cosas. Simples cosas, pedazos de papel, discos. Datos. Que deberían estar en nuestras cabezas y no en nuestras repisas. Adornando la imaginación más que las paredes.

Hace tiempo que no compro libros, como están las cosas gastar quince o veinte lucas en un hermoso ejemplar no es algo que esté dispuesto a hacer. Así que en abril pasado me hice socio del programa Bibliometro, un sistema que nació en Chile en 1996 y que es básicamente una biblioteca pública en estaciones del Metro. Depende de la DIBAM y ha tenido mucho éxito, siendo imitado en otros Metros, de Colombia y España. Podrian cambiar el logo eso sí, ya que es bastante horrrendo.

En fin. Aproveché de hacerme socio gratis por el día del libro, así me ahorré unos $3.000 aunque para estudiantes solo cuesta $1.000. La idea es que te puedes llevar hasta tres libros por 14 días, lo que para lectores ávidos como yo, ayuda bastante. Si te atrasas, pagas cien pesos por día por libro. Para hacerte socio necesitas tu carné de identidad y un comprobante de domicilio, la inscripción es instantánea, te hacen un carnét y puedes llevarte libros en el momento. Puedes renovar, en la misma estación que lo pediste, por otros 14 días, y devolver en cualquier buzón de las estaciones con módulos del servicio. El horario es de 9:00 a 21:00 horas, actualmente hay más de cien mil socios, 36.000 libros y 1.300 títulos. » Leer el resto de esta entrada..

Hace tiempo que empecé a leer la saga de “Fundación” de Asimov, y un día cuando quería comprar los clásicos libros de Plaza & Janes, los de tapa azul, me encontré con esta sorpresa, libros de Asimov retraducidos y reeditados el año pasado por la editorial “La Factoría de Ideas”. Para los que disfrutan con los libros como si fueran autos, esta es una gran novedad, pues las ediciones de P&J son, por decirlo de algún modo, muy refeas. Partí comprando “Fundación” y hace un par de días Isabel me regaló “Fundación e Imperio”. También están “Los propios Dioses”, “El fin de la Eternidad” y según leí hoy, “Segunda Fundación”, lo que quiere decir que siguen editando la saga, pues hace unas semanas no figuraba en su página web. Son más caros que los de P&J, bordean los $15.000, o sea que cuestan más o menos el doble, pero si te gustan los libros, es una muy buena opción.

Por si no sabes de que hablo, en la tapa lo explica, con la frase “El comienzo de la saga de ciencia ficción más importante de todos los tiempos”.



A pesar de que he leído muchos libros de Asimov, siempre lo he hecho en desorden, sin seguir alguna guía particular. Tuve la suerte de leer algunas novelas de Robots en orden, pero ahora que empecé a leer por fin la saga de Fundación, me pareció que hacía falta una especie de guía para seguir la serie. Luego, leyendo “Preludio a Fundación”, me encontré con que el propio Asimov había sentido la misma necesidad y había escrito una pequeña guía para sus lectores. Pero claro, estaba en el mismo libro… así que decidí pasarla acá. Claro que había un problema… faltaba un libro, pues “Hacia la Fundación*”, no se había escrito aún. Por ende, lo agregué a la lista, en el número 10. Lo que sigue entonces es el orden correcto para leer las novelas de Robots, Imperio y Fundación de Sir Isaac Asimov.

Por Isaac Asimov.

Cuando escribí Fundación, que apareció en el número de Mayo de Astounding Science Fiction, en 1942, no tenía la menor idea de que había iniciado una serie de relatos que, en principio, formarían seis volúmenes y un total de 650.000 palabras (hasta ahora). Ni tampoco tenía la menor idea de que serían unificados con mi serie de cuentos cortos y novelas relacionados con robots y con mis novelas sobre el Imperio Galáctico, formando una obra de catorce volúmenes con un total de 1.450.000 palabras.

Si se fijan en la fecha de publicación de estos libros, verán que hubo un salto de veinticinco años, entre 1957 y 1982, durante el cual no añadí nada nuevo a la serie. Y no fue porque dejara de trabajar en ella. Lo cierto es que escribí a toda velocidad durante ese cuarto de siglo, pero sobre otros temas. Que yo continuase con la serie, en 1982, no fue idea mía, sino el resultado de una combinación de presiones de lectores y editores que, con el tiempo, se volvió arrolladora.

En cualquier caso, la situación se me ha complicado bastante, al extremo de sentir que los lectores quizás recibieran con agrado una especie de guía a la serie, puesto que no fue escrita en el orden que, tal vez, debió ser leída.

Los catorce libros ofrecen una especie de historia del futuro que, tal vez, no resulte lo bastante consistente ya que, en principio, no lo había planeado así. El orden cronológico de los libros en términos de historia del futuro (y no en fecha de publicación), es como sigue:

  1. The Complete Robot (El Robot Completo, 1982). Esta es una serie de 36 historias cortas de robots, publicada entre 1940 y 1976 e incluye cada historia de mi anterior colección. Yo, Robot (1950). Sólo he escrito una historia corta de robots desde que la colección apareció. Esta es Robot Dreams (Sueños de Robot).
  2. The Caves of Steel (Las Cuevas del Acero, 1954). La primera de mis novelas de robots.
  3. The Naked Sun (El Sol Desnudo, 1957). Segunda novela de Robots. » Leer el resto de esta entrada..

Feria del libro

Ayer no había mayor plan para la tarde pero de pronto estábamos con Isabel -y gracias a su amigo Carlos- dentro de la inauguración de la Feria del Libro de Santiago, que en su versión número 27 tiene como invitado de honor a Brasil y a la región de Coquimbo. En el evento estaba la presidenta Bachelet, yo nunca la había visto en vivo, ella es de esas personas… “comprimidas”, como que una máquina las aplastara y quedaran medio gorditas y chicas. En fin. Después de la inauguración -una real lata, como todas- entramos a la Feria un buen rato, y eso estuvo entretenido.

La Feria del Libro debe ser el evento del que tengo más recuerdos, creo que he ido todos los años desde que tengo memoria, y siempre he salido con algo. Hay varias historias sobre eso. De partida cuando era niño solía ir a la Feria del Libro Infantil – Juvenil., que se hacía en el Drugstore y ahora en el parque Bustamente, era la ocasión perfecta para salir con comics, y no solo eso, mi viejo siempre nos compraba libros. Creo que nunca fue muy bueno para otro tipo de regalos, pero de vez en cuando llegaba con libros (ahora le dio también por comprar western viejeos), y recuerdo que siempre teníamos garantizado algo para llevar. Y con 3 hermanos más, se podían intercambiar cosas. Aparte de esa feria siempre íbamos a la de la Estación Mapocho, recuerdo muchos años, pero la memoria se condensa para usar espacio, y como el escenario es prácticamente el mismo, los recuerdos se condensan en forma de libros, por ejemplo recuerdo hace años cuando me llevé “Big Sur”, otros años me he llevado varios de ciencia ficción, siempre me aprovecho de llevar algún cómic, este año llevé a Phillip Roth y a Chuck Palahniuk, además de un libro espectacular de Dinosaurios en 3D para mi primo chico. Quien ya debería empezar a leer más, en realidad. Están bien los dinosaurios, pero ahora hay que saber un poco más de todo.

El año pasado, enojado porque no me atendían, hice lo impensado, era el último día de la feria y sin saber cómo, eché un libro a mi bolsa y me fui caminando, nadie lo notó. Pero nunca más hago algo parecido, casi se me para el corazón de pánico. Otras veces he tenido encuentros incómodos, una vez me encontré con alguien que decía conocerme y nunca supe quién era, a veces he ido acompañado pero casi siempre prefiero ir solo, uno tiene un ritmo para estas cosas. A alguna gente le gusta pasearse por los mall, a mi me gustan los libros. Me encantan los libros, hay algo hipnótico en ellos, y cuando ando de mal humor por las calles, comprar uno siempre arregla el día. Cuando era joven me acompañaban en muchos momentos, en una época muy ruda me tocó “La Montaña Mágica” y siempre vuelvo ahí a veces. No sé, los libros son mil veces mejores que las películas, una novela abre un mundo de una manera totalmente diferente a una novela. Más grande, más espectacular. Una novela demuestra talento, imaginación, y muchas veces la historia de un hombre solo exorcizando sus demonios. » Leer el resto de esta entrada..

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      • ExpoComics 2010.

        ExpoComics2010 Este 20, 21 y 22 de Agosto en la Sala de Las Artes de la Estación Mapocho [Mapa] se llevará a cabo el 2do Salón Internacional del Comic, más conocido como Expo Comics 2010, con dibujantes extranjeros de Marvel, Disney y demases, y por supuesto creadores nacionales del tan vilipendiado noveno arte.  Entre otras actividades habrá una exposición sobre el Bicentenario de Chile, venta de comics, talleres, lanzamientos de nuevas publicaciones y conferencias. Pueden revisar la página oficial para tener más información.

        El precio de la entrada es de $1.500 para adultos y $1.000 para los niños, mucho menos de lo que gastarías llevando a la familia a comer porquerías al mall, y para quienes no vamos a centros comerciales, es otra chance de estar al día con lo que pasa en el escurridizo mundo del comic nacional.

      • La Momia Roja en papel.

        MomiaRoja Ya está Kioscos de Santiago Centro, Ñuñoa y Providencia, el segundo número de la revista de comic nacional La Momia Roja, colectivo que lleva un buen tiempo en su página web pero que recién ahora se pegó el salto a la pantalla grande. Es humor bastante ácido y fuerte, por lo que no es una recomendación para estómagos sensibles. Que yo me ría con las láminas del álbum "Bacuritas" no significa que a todo el mundo le tenga que parecer gracioso el tema de los sacerdotes pedófilos.   Si quieren conseguirla en kioscos tienen que literalmente correr, yo no la encontré en ningún lado y por suerte me topé con Christiano, quien me vendió un ejemplar y me explicó que la revista no dura mucho en los calles. Una de dos: la compran mucho o las juntas de vecinos piden que sea retirada ya que afecta la moral y las buenas costumbres. No como Maxim o H.

        Si no alcanzan, prueben en la tienda Shazam Comics. La revista sale sólo $500.