Contacto es una novela escrita en 1985 por el famoso astrónomo y divulgador científico Carl Sagan, un buen ejemplo de lo que el entusiasmo, los sueños y una buena dosis de inteligencia pueden hacerle a la gente. Ninguno de esos factores por separado funciona demasiado bien, de hecho no suelen juntarse mucho, pero cuando lo hacen, los resultados sombran. Por supuesto no hablamos de resultados literarios, ya que como novela, Contacto es un clásico de la ciencia ficción: una escritura tosca y poco emocionante para un tema que ciertamente es inabarcable.
A pesar de sus amplios conocimientos sobre el tema de la radioastrología, astronomía y arte en general, el proponerse escribir una novela sobre el primer encuentro de la humanidad con una raza extraterrestre, es bastante complicado. Es una novela sobre todo el planeta y tiene implicaciones políticas, religiosas y científicas. Quizás por eso esta novela era originalmente un manuscrito de 100 páginas para una película, escrito por allá por 1979 junto a la Doctora en Biología Ann Druyan, su tercera esposa y última esposa. Al parecer las complejidades de la producción hicieron que el manuscrito se volviera una novela de cerca de 350 páginas, publicada en 1985. » Leer el resto de esta entrada..
La canción se llama “Celos” y es original del Guatón Romo de Daniela Romo, y dice así:
Celos de tus ojos cundo miras otra chica,
tengo celos, celos.
Celos de tus manos cuando abrazas otra chica,
tengo celos, celos.
Cuando te encuentras con alguien,
cuando caminas con alguien,
cuando te siento feliz,
yo tengo celos, tengo celos.
Hoy, quiero bailar solo contigo,
hoy quiero soñar que tu eres mio,
hoy te dare todo mi amor en un abrazo,
y tu prometeras que nunca, me haras sentir,
nunca mas, nunca mas, nunca mas, nunca, celos
celos.
Ralph Fiennes es Maurice Bendrix y Julianne Moore es Sarah Miles en la versión de 1999 de Neil Jordan. En la versión de 1955 la dupla la forman Van Johnson y Deborah Kerr, dirigidos por Edward Dmytryk. En cualquier caso él es un escritor celoso y ella una esposa infiel que viven un tormentoso romance durante el Blitz alemán sobre Londres, por allá por 1940-1941. El siguiente es un extracto del libro.
Sarah y yo solíamos tener largas discusiones sobre los celos. Yo me sentía celoso hasta del pasado, al que ella se refería francamente a medida que iba saliendo a la superficie: aventuras sin significado (salvo quizá la del deseo inconsciente de obtener aquel espasmo final que Henry desgraciadamente no había conseguido proporcionarle). Sarah era tan leal con sus amantes como lo era con Henry, pero lo que debería haberme servido de consuelo (pues indudablemente también sería leal conmigo) no hacía sino irritarme. En un tiempo solía reírse de mi irritación, negándose simplemente a creer en su propia belleza, y me irritaba también que no tuviera celos de mi pasado, ni de mi futuro posible. Yo no admitía que el amor pudiera adoptar otra forma que el mío: medía el amor por la magnitud de mis celos, y desde luego, con arreglo a esta norma, resultaba que no me quería lo más mínimo.
Las discusiones seguían siempre el mismo patrón y, si me refiero a una ocasión en particular, es porque esta vez terminó en acción, una acción estúpida que no condujo a nada, como no fuera a esta duda que me asalta siempre que me pongo a escribir, la sensación de que quizá era ella y no yo quien tenía razón.
Recuerdo que esta vez le dije acerbamente:
—Esta es la consecuencia de tu anterior frigidez. Las mujeres frígidas nunca son celosas; simplemente porque no logran compartir la emoción ajena.
Me irritó que no intentara defenderse.
—Es posible que tengas razón —asintió—. Yo lo único que deseo es que seas feliz. No quiero verte descontento. Admito, pues, todo lo que pueda hacerte feliz.
—Lo que deseas es un pretexto. Si me acuesto con otra mujer, es una razón para que tú, por tu parte, te acuestes con quien te parezca, ¿no es así?
—No hay tal cosa. Lo que deseo es verte feliz, eso es todo.
—¿Incluso me ayudarías, si viniera al caso?
—Quizá.
La inseguridad es lo peor que puede sentir un amante. A veces, hasta el matrimonio más rutinario y sin deseo es preferible. La inseguridad tuerce el sentido de todo y envenena la confianza. En una ciudad acosada cada centinela es un traidor en potencia. Ya en los tiempos anteriores a Mr. Parkis me había esforzado en desenmascararla y más de una vez la pillé en pequeños embustes y en evasivas que en realidad no significaban sino el temor que me tenía.
Yo agrandaba las mentiras e infidelidades, y aun en las palabras más evidentes me empeñaba en leer un sentido oculto. Pues la simple idea de que otro hombre pudiese tocarla me era ya insoportable. Lo temía de continuo y el movimiento más casual de sus manos cuando hablaba con otros hombres me parecía intencionado y revelador de una secreta intimidad.
—¿Y tú, no preferirías también verme feliz que desgraciada? —me preguntó, con una lógica intolerable.
—Preferiría estar muerto o verte muerta —afirmé— antes que con otro hombre. Yo soy un ser normal y quiero como los seres humanos. Pregunta a cualquiera. Todos te dirán lo mismo… si realmente están enamorados. Todos los enamorados son celosos.
Sarah y yo solíamos tener largas discusiones sobre los celos. Yo me sentía celoso hasta del pasado, al que ella se refería francamente a medida que iba saliendo a la superficie: aventuras sin significación (salvo quizá la del deseo inconsciente de obtener aquel espasmo final que Henry desgraciadamente no había conseguido proporcionarle). Sarah era tan leal con sus amantes como lo era con Henry, pero lo que debería haberme servido de consuelo (pues indudablemente también sería leal conmigo) no hacía sino irritarme. En un tiempo solía reírse de mi irritación, negándose simplemente a creer en su propia belleza, y me irritaba también que no tuviera celos de mi pasado, ni de mi futuro posible. Yo no admitía que el amor pudiera adoptar otra forma que el mío: medía el amor por la magnitud de mis celos, y desde luego, con arreglo a esta norma, resultaba que no me quería lo más mínimo.
Las discusiones seguían siempre el mismo patrón y, si me refiero a una ocasión en particular, es porque esta vez terminó en acción, una acción estúpida que no condujo a nada, como no fuera a esta duda que me asalta siempre que me pongo a escribir, la sensación de que quizá era ella y no yo quien tenía razón.
Recuerdo que esta vez le dije acerbamente:
—Esta es la consecuencia de tu anterior frigidez. Las mujeres frígidas nunca son celosas; simplemente porque no logran compartir la emoción ajena.
Me irritó que no intentara defenderse.
—Es posible que tengas razón —asintió—. Yo lo único que deseo es que seas feliz. No quiero verte descontento. Admito, pues, todo lo que pueda hacerte feliz.
—Lo que deseas es un pretexto. Si me acuesto con otra mujer, razón para que tú, por tu parte, te acuestes con quien te parezca, ¿no es así?
—No hay tal cosa. Lo que deseo es verte feliz, eso es todo.
—¿Incluso me ayudarías, si viniera al caso?
—Quizá.
La inseguridad es lo peor que puede sentir un amante. A veces, hasta el matrimonio más rutinario y sin deseo es preferible. La inseguridad tuerce el sentido de todo y envenena la confianza. En una ciudad acosada cada centinela es un traidor en potencia. Ya en los tiempos anteriores a Mr. Parkis me había esforzado en desenmascararla y más de una vez la pillé en pequeños embustes y en evasivas que en realidad no significaban sino el temor que me tenía.
Yo agrandaba las mentiras e infidelidades, y aun en las palabras más evidentes me empeñaba en leer un sentido oculto. Pues la simple idea de que otro hombre pudiese tocarla me era ya insoportable. Lo temía de continuo y el movimiento más casual de sus manos cuando,hablaba con otros hombres me parecía intencionado y revelador de una secreta intimidad.
—¿Y tú, no preferirías también verme feliz que desgraciada? —me preguntó, con una lógica intolerable.
—Preferiría estar muerto o verte muerta —afirmé— antes que con otro hombre. Yo soy un ser normal y quiero como los seres humanos. Pregunta a cualquiera. Todos te dirán lo mismo… si realmente están enamorados. Todos los enamorados son celosos.
El siguiente texto es de la novela Factotum (1975), donde el alter ego de Bukowski, Henry Chinaski, deambula entre diversos oficios, chicas, y muchas borracheras. La imagen del taller de bicicletas entre resacas del capítulo 36 es deliciosa, así que me hice un tiempo y la transcribí para ustedes. De más está decir que con Bukowski pasa lo mismo que con Kerouac, quizás no tienen un valor literario demasiado grande, pero creo que nadie debería llegar a los 30 sin haber leído sus novelas. Vamos entonces:
36
Filas y filas de silenciosas bicicletas. Estanterías repletas de repuestos de bicicletas. Filas y filas de bicicletas colgando del techo: bicicletas verdes, bicicletas rojas, bicicletas amarillas, bicicletas púrpura, bicicletas azules, bicicletas para niñas, bicicletas para niños, todas colgando allí arriba; los radios relucientes, las ruedas, los neumáticos de goma, la pintura, los sillines de cuero, luces traseras, luces delanteras, los frenos de mano; cientos de bicicletas, fila tras fila.
Teníamos una hora libre para almorzar. Yo comía rápidamente. Como me pasaba levantado casi toda la noche y me despertaba muy temprano, estaba siempre cansado, con todo el cuerpo dolorido. Había logrado encontrar un rincón retirado bajo las bicicletas. Me arrastraba hasta allí, bajo las nutridas hileras de bicicletas inmaculadamente ordenadas. Me tumbaba allí de espaldas, y suspendidas sobre mí, alineadas con precisión, colgaban filas de relucientes radios de plata, llantas, cubiertas de caucho negro, brillante pintura nueva, pedales. Todo en perfecto orden. Era inmenso, correcto, ordenado… 500 o 600 bicicletas en formación encima mío, cubriéndome, por todas partes. De algún modo aquello estaba lleno de significado. Sólo tenía que mirarlas para saber que únicamente tenía cuarenta y cinco minutos de reposo bajo aquella selva cíclica. » Leer el resto de esta entrada..
No soy muy de “guardar cosas”. Hace un tiempo bajaba series y las guardaba, llegué a tener todo X-Files, un respaldo de las temporadas de 24… cosas así, y un día, haciendo orden, boté todo a la basura. Compré un dvd que reproducía todo vía USB (con subtítulos incluídos) y dejé de quemar discos. Para siempre. Tengo amigos con colecciones increíbles de películas, tanto originales o copiadas. Las copiadas se acumulan guardando espacio en esos contenedores de cien o doscientos discos. Las originales usualmente las usan para adornar paredes, tienen en algunos casos el mismo efecto que esos preciosos libros Taschen, la gente los compra para adornar y no para leerlos. Las películas se ven una vez y luego se guardan para siempre.
Con los libros me pasa algo parecido, me encanta leer y durante mucho tiempo coleccionaba libros, hoy no entiendo muy bien por qué lo hacía, no quiero tener cosas, quiero leer cosas. Así mismo tengo discos originales que sólo guardan polvo. No sé. Creo que la gente se preocupa demasiado a veces de… cosas. Simples cosas, pedazos de papel, discos. Datos. Que deberían estar en nuestras cabezas y no en nuestras repisas. Adornando la imaginación más que las paredes.
Hace tiempo que no compro libros, como están las cosas gastar quince o veinte lucas en un hermoso ejemplar no es algo que esté dispuesto a hacer. Así que en abril pasado me hice socio del programa Bibliometro, un sistema que nació en Chile en 1996 y que es básicamente una biblioteca pública en estaciones del Metro. Depende de la DIBAM y ha tenido mucho éxito, siendo imitado en otros Metros, de Colombia y España. Podrian cambiar el logo eso sí, ya que es bastante horrrendo.
En fin. Aproveché de hacerme socio gratis por el día del libro, así me ahorré unos $3.000 aunque para estudiantes solo cuesta $1.000. La idea es que te puedes llevar hasta tres libros por 14 días, lo que para lectores ávidos como yo, ayuda bastante. Si te atrasas, pagas cien pesos por día por libro. Para hacerte socio necesitas tu carné de identidad y un comprobante de domicilio, la inscripción es instantánea, te hacen un carnét y puedes llevarte libros en el momento. Puedes renovar, en la misma estación que lo pediste, por otros 14 días, y devolver en cualquier buzón de las estaciones con módulos del servicio. El horario es de 9:00 a 21:00 horas, actualmente hay más de cien mil socios, 36.000 libros y 1.300 títulos. » Leer el resto de esta entrada..
Hace tiempo que empecé a leer la saga de “Fundación” de Asimov, y un día cuando quería comprar los clásicos libros de Plaza & Janes, los de tapa azul, me encontré con esta sorpresa, libros de Asimov retraducidos y reeditados el año pasado por la editorial “La Factoría de Ideas”. Para los que disfrutan con los libros como si fueran autos, esta es una gran novedad, pues las ediciones de P&J son, por decirlo de algún modo, muy refeas. Partí comprando “Fundación” y hace un par de días Isabel me regaló “Fundación e Imperio”. También están “Los propios Dioses”, “El fin de la Eternidad” y según leí hoy, “Segunda Fundación”, lo que quiere decir que siguen editando la saga, pues hace unas semanas no figuraba en su página web. Son más caros que los de P&J, bordean los $15.000, o sea que cuestan más o menos el doble, pero si te gustan los libros, es una muy buena opción.
Por si no sabes de que hablo, en la tapa lo explica, con la frase “El comienzo de la saga de ciencia ficción más importante de todos los tiempos”.
A pesar de que he leído muchos libros de Asimov, siempre lo he hecho en desorden, sin seguir alguna guía particular. Tuve la suerte de leer algunas novelas de Robots en orden, pero ahora que empecé a leer por fin la saga de Fundación, me pareció que hacía falta una especie de guía para seguir la serie. Luego, leyendo “Preludio a Fundación”, me encontré con que el propio Asimov había sentido la misma necesidad y había escrito una pequeña guía para sus lectores. Pero claro, estaba en el mismo libro… así que decidí pasarla acá. Claro que había un problema… faltaba un libro, pues “Hacia la Fundación*”, no se había escrito aún. Por ende, lo agregué a la lista, en el número 10. Lo que sigue entonces es el orden correcto para leer las novelas de Robots, Imperio y Fundación de Sir Isaac Asimov.
Por Isaac Asimov.
Cuando escribí Fundación, que apareció en el número de Mayo de Astounding Science Fiction, en 1942, no tenía la menor idea de que había iniciado una serie de relatos que, en principio, formarían seis volúmenes y un total de 650.000 palabras (hasta ahora). Ni tampoco tenía la menor idea de que serían unificados con mi serie de cuentos cortos y novelas relacionados con robots y con mis novelas sobre el Imperio Galáctico, formando una obra de catorce volúmenes con un total de 1.450.000 palabras.
Si se fijan en la fecha de publicación de estos libros, verán que hubo un salto de veinticinco años, entre 1957 y 1982, durante el cual no añadí nada nuevo a la serie. Y no fue porque dejara de trabajar en ella. Lo cierto es que escribí a toda velocidad durante ese cuarto de siglo, pero sobre otros temas. Que yo continuase con la serie, en 1982, no fue idea mía, sino el resultado de una combinación de presiones de lectores y editores que, con el tiempo, se volvió arrolladora.
En cualquier caso, la situación se me ha complicado bastante, al extremo de sentir que los lectores quizás recibieran con agrado una especie de guía a la serie, puesto que no fue escrita en el orden que, tal vez, debió ser leída.
Los catorce libros ofrecen una especie de historia del futuro que, tal vez, no resulte lo bastante consistente ya que, en principio, no lo había planeado así. El orden cronológico de los libros en términos de historia del futuro (y no en fecha de publicación), es como sigue:
The Complete Robot (El Robot Completo, 1982). Esta es una serie de 36 historias cortas de robots, publicada entre 1940 y 1976 e incluye cada historia de mi anterior colección. Yo, Robot (1950). Sólo he escrito una historia corta de robots desde que la colección apareció. Esta es Robot Dreams (Sueños de Robot).
The Caves of Steel (Las Cuevas del Acero, 1954). La primera de mis novelas de robots.
Productor audiovisual, Escritor.
Ciclista urbano y fotógrafo aficionado.
Tin Tin en el cine.
La semana pasada llegó por fin a los cines "Las Aventuras de Tin Tin: El secreto del Unicornio", la primera de tres películas en esta adaptación de Steven Spielberg y Peter Jackson del famoso comic de Hergé. Les he contado en otras ocasiones que soy un gran fanático de esta saga: pues bien, la película no decepciona. Es realmente increíble, tiene acción, humor y aventuras. Si no conocen al personaje, simplemente imaginen que van a ver Indiana Jones y listo. En cualquier cine del país.
Festival CineB 4.
Del 4 al 13 de Noviembre se realizará la 4ta versión del Festival de Cine B. La idea es llevar a la pantalla un grupo de películas y cortometrajes independientes, de bajo presupuesto, de estudiantes o que simplemente no pueden exhibirse en otras salas. Son 700 películas, más de 40 en competencia, 18 salas en Santiago y 8 sedes en regiones. Puedes revisar la página oficial para más información sobre la programación, lugares y precios.