Cuando llegó la devolución de impuestos del 2009, me propuse comprar una cámara nueva ya que la mía había muerto el año pasado, y usaba una prestada para andar tomando fotos de carteles o cosas raras que veía por ahí. Opté por una Nikon L18, la compré de hecho “reacondicionada” en esas “ventas relámpago” que Nikon tiene de vez en cuando. Me agrada Nikon aunque he tenido malas experiencias con la atención en locales y el servicio técnico, pero bueno, es gente enfadada por su trabajo, no quiere decir nada de las cámaras. O sea está claro que si vas a comprar una cámara de medio millón de pesos te van a tratar como rey, pero en mi caso no era así. Yo no soy fotógrafo pero me gusta andar siempre con la cámara lista en el cinturón, no soy de esa gente que cree que el talento viene por la calidad de la cámara, sino con algo mucho más simple: tener ojo. Y claro, tener la capacidad -y velocidad- para sacarla a tiempo y disparar.
Lo que buscaba a fin de cuentas era una cámara compacta, de buena sensibilidad, que usara pilas -no me gustan con cargador, a veces uno se escapa a lugares sin electricidad- y que grabara videos en calidad de tele. Y ha sido una compra acertada. En Buenos Aires aproveché las caminatas nocturnas para tomar muchas fotos, con días despejados, otros nublados, algunas apoyado por las luces de la ciudad, otras con movimiento de gente o autos.
Vamos entonces a ver las fotos, en estas primeras, aprovechando la arquitectura de la ciudad:
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